El director español, acompañado de Rachel Weisz, habló sobre la religión, la situación de la mujer y el cine comercial.
En un escenario de lo más apropiado, la Biblioteca Nacional de Madrid,
Alejandro Amenábar ha presentado su nueva y esperada película '
Ágora'. El director español ha viajado hasta la capital española junto a su nueva musa, la oscarizada
Rachel Weisz, y los dos protagonistas masculinos de la película
Max Minghella y
Oscar Isaac para hablar con los periodistas sobre su proyecto más ambicioso.
La película, ambientada en la Alejandría del siglo IV a.C, narra la vida de la filósofa Hipatia, a la que encarna
Weisz, y cómo luchó hasta el final para salvar sus creencias sobre astronomía, pese a estar rodeada por un grupo de cristianos que la acusaban de pagana. "Era una mujer racional", y por ello era muy importante que "fuera una persona de carne y hueso", explicó la actriz. Un hecho, "ser natural", que aseguró "es bastante inusual en el cine épico".
Amenábar quiso aclarar que "Hipatia fue martirizada por un grupo de cristianos, no por todos", y explicó que el mensaje de la película no es otro que la "denuncia de aquellos que dejan a un lado la razón y recurren al palo para defender sus ideas".
El director también habló de la situación de mujer, y dijo que "el mundo no ha cambiado tanto y aún hoy en algunos países se sigue lapidando a las mujeres".
Amenábar nunca grita Rachel Weisz se mostró entusiasmada por haber podido trabajar a las órdenes de
Amenábar, al que definió como un hombre "muy lúcido, muy centrado y con un punto de vista muy fuerte".
Y tanto la actriz como
Max Minghella y
Oscar Isaac coincidieron en que en el rodaje fue "muy humilde, muy centrado y disciplinado", y reconocieron que en ningún momento les gritó, "ni siquiera se acercó al extremo de gritar", concluyó
Weisz. En ese momento intervino
Amenábar para decir que la única vez que había gritado en un rodaje fue en el de 'Abre los ojos' porque "sonó un teléfono móvil".
Valor comercial del cineLa película de
Amenábar ha sido la más cara del cine español, al contar con un presupuesto de cincuenta millones de euros. Y al preguntarle sobre la situación de los cineastas españoles que ahora -con los nuevos presupuestos- se van a quedar sin ayudas, el director admitió que "hay que tener en cuenta las pequeñas producciones", pero reconoció "que hoy el cine es un espectáculo de masas y hay que ser conscientes de su valor comercial".
La decisión de rodar la película en inglés fue inmediata. "Como dice Umberto Eco el latín del siglo XX es el inglés", dijo el director. Por ello, porque para el reparto "hubiera sido un estrés rodar griego clásico, latín y copto" y porque con "este presupuesto no se podía hacer de otra manera", concluyó
Amenábar.
En cuanto a su próximo proyecto,
Amenabar quiso dejar claro que "es irme de vacaciones". Y aunque no hay nada seguro, y pese a que asegura que "el cine político nunca me ha interesado", tiene intención de hacer algo relacionado con "la dictadura de Pinochet".
Lorena Vialás