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    Los 10 efectos CGI más terroríficos de la historia del cine
    Por Alberto Corona — 3 nov. 2017 a las 14:45
    Actualizada el 27 dic. 2019 a las 11:50
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    Los efectos especiales desarrollados por ordenador estaban llamados a sobrepasar cualquier límite que le impusieran a nuestra imaginación, pero de vez en cuando también han provocado resultados que preferiríamos no haber visto nunca.

    Desde su nacimiento, el cine fue concebido como un modo de plasmar en imágenes conceptos e ideas que no tenían necesariamente que existir en la vida realGeorges Méliès apuntaló el concepto con Viaje a la luna (1902), y desde entonces la técnica emprendió un viaje imparable hasta nuestros días, con el desarrollo del CGI (computer generated imagery) como punto decisivo.

    Películas como El secreto de la pirámide (1985), Abyss (1989) o Parque Jurásico (1993) allanaron el camino, y films-acontecimiento como la saga de El señor de los anillos (2001-2003) o Avatar (2009) llevaron esta tecnología a su máximo esplendor. Hoy, una película como Thor: Ragnarok hace gala de una imaginería similar y nadie se sorprende, aunque en toda esta historia ha habido ciertos momentos donde hubo quien deseó arrancarse los ojos. Como, por ejemplo, éstos:

    El Rey Escorpión Literal (El regreso de la momia, 2001)

    Universal Pictures

    No será la primera vez que Stephen Sommers aparezca en nuestra lista, ya que este director experto en 'blockbusters' jugueteó con el CGI hasta sus últimas consecuencias. En ocasiones, de forma extrema, como en el desenlace de la por otro lado estupenda El regreso de la momia, donde Dwayne Johnson aparecía transmutado por ordenador en el insecto al que daba nombre y se ponía a luchar con Brendan Fraser. Lo cual daba bastante pena, porque antes la película se las había apañado para pasar por realista un ejército de coyotes humanoides egipcios.

    Adamántium extraño (X-Men Orígenes: Lobezno, 2009)

    20th Century Fox

    Los 'spin-offs' del mutante inmortalizado por Hugh Jackman poseen una calidad enormemente desigual, ya que tenemos por un lado la reciente y majestuosa Logan, y por otro... las demás. La primera, en concreto, poseía en su seno una inabarcable cantidad de decisiones incomprensibles, como hacer del Mecernario Bocazas (Ryan Reynolds) un engendro mudo... o diseñar las garras del protagonista con un llamativo CGI. ¿Por qué, Gavin Hood, por qué?

    ¡Aaargh! (La saga Crepúsculo. Amanecer Parte II, 2012)

    Aurum

    La cuarta y última parte de la saga Crepúsculo superó todos los niveles de extrañeza, y eso que desde la primera -y ese momento en el que Edward (Robert Pattinson) mostraba qué ocurría con su piel si le daba el sol- ya estábamos curados de espanto. Aquí, Bella (Kristen Stewart) tenía una hija llamada Renesmee que una vez creciera tendría los rasgos de Mackenzie Foy, pero que en su etapa de bebé sería recreada por ordenador, con un resultado totalmente aterrador, pero algo menos que el aspecto que habría tenido si los responsables hubieran hecho caso a la primera idea y la niña hubiera sido esta muñeca.

    Podría haber sido peor, ¿no?

    Surfeando con estilo (Muere otro día, 2002)

    20th Century Fox

    La etapa de Pierce Brosnan como James Bond estuvo marcada por la persecución del más difícil todavía y un frívolo coqueteo con la ciencia ficción, llegando ambos aspectos a un punto de no retorno en el último film de este actor como 007. Utilizando un paracaídas y la compuerta de su vehículo, el agente británico se las apañaba para surfear una ola gigantesca, y todo eso sin despeinarse. Con razón después de este film dirigido por Lee Tamahori se decidiría reiniciarlo todo con Casino Royale.

    La pelea más épica (Matrix Reloaded, 2003)

    Warner Bros.

    La primera Matrix es una obra maestra de la ciencia ficción, eso nadie lo duda. Es más difícil, sin embargo, alcanzar un consenso en cuanto a sus continuaciones, siendo una, Matrix Reloaded, un filme con demasiadas peleas, y su continuación, Matrix Revolutions, teniendo demasiado pocas. En la primera mencionada, las Wachowski pretendían rodar la pelea definitiva enfrentando a Neo (Keanu Reeves) con un ejército de Agentes Smith (Hugo Weaving), y aunque el resultado fue muy aplaudido en su día, visto hoy los trucos son demasiado evidentes, y por momentos tienen incluso peor aspecto que los videojuegos actuales más punteros.

    El ejército de Shia (Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, 2008)

    Universal Pictures

    Cuando se estrenó la cuarta aventura del arqueólogo la mayor parte de los dardos se concentraron en la inclusión de los extraterrestres -idea de George Lucas- y en la tristemente célebre escena de la nevera. Sin embargo, es momento de denunciar el momento verdaderamente más vergonzoso de este problemático film, y éste no es otro que aquél en el que Mutt (Shia LaBeouf) se hace amigo de una familia de monos y los azuza contra sus enemigos. Algo no sólo ridículo por el diseño de éstos, sino también por todas las veces en las que el actor aparece balanceándose entre liana y liana como Tarzán.

    Una mascota peculiar (Perdidos en el espacio, 1998)

    Aurum

    Antes de que Jar Jar Binks irritara a medio mundo con su aparición en Star Wars. Episodio I: La Amenaza Fantasma, hubo otro secundario animado por CGI que queriendo ser un animal gracioso se cargó su propia película. Hablamos de Blarp, el primate alienígena que la familia Robinson adoptaba en cierto momento de Perdidos en el espacio, la adaptación de la famosa serie de los 60 dirigida por Stephen Hopkins. Un bicho que no sólo no tenía gracia ni era adorable; es que además podías contarle los píxeles en la cara.

    Boquiabiertos (Van Helsing, 2004)

    Universal Pictures


    Tras el éxito de las dos partes de La momiaStephen Sommers volvió a tomar las riendas de una superproducción inspirada en clásicos del terror. El resultado fue un gozoso exceso con el que Sommers debió de pasárselo en grande, recuperando incluso las bocas desmesuradamente abiertas que ya había cultivado en sus dos películas anteriores. Sin embargo, la diversión del realizador repercutió en un desinterés bastante notable en hacer que dichas bocas fueran mínimamente creíbles.

    Demasiados ejércitos (El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos, 2014)

    Warner Bros.

    Peter Jackson había conseguido un gran prestigio gracias a la trilogía de El señor de los anillos; un prestigio que poco a poco fue dinamitando con la muy irregular -y muy larga- trilogía de El hobbit. Aquellos espectadores que acusaron a las aventuras de Bilbo Bolsón (Martin Freeman) de ser muy distinta a la saga de los anillos recibieron su merecido en la tercera parte, La Batalla de los Cinco Ejércitos. Un festival de CGI barato al que, además de faltarle emoción, ni siquiera le importaba lo absurdo de las acrobacias de Legolas (Orlando Bloom) o el hecho de que se notara que la mayoría de los guerreros no estaban allí.

    El problema de Moff Tarkin (Rogue One. Una historia de Star Wars, 2016)

    En 2013 Ari Folman, director que cinco años antes había sorprendido a propios y extraños con Vals con Bashir -una angustiosa película sobre las secuelas de la Guerra del Líbano que resultaba ser de animación-, dirigió El congreso, un film aún más ambicioso que especulaba sobre un futuro no muy lejano en el que los actores podían ceder su imagen para que fuera replicada en sucesivas películas, y así el público pensara que no envejecían nunca mientras en realidad se jubilaban. Una idea perversa que, amparada por el CGI, empieza poco a poco a hacerse realidad.

    Disney / LucasFilm

    En Rogue One, estrenada en 2016, Moff Tarkin volvía para la precuela del Episodio IV, y daba igual que su actor original, Peter Cushing, estuviera muerto: saldría igualmente gracias a una copia en CGI. Un esfuerzo técnico muy sorprendente, pero que tras la sorpresa inicial y un vistazo más detenido, se revelaba realmente aterrador: no había vida en los ojos del mandatario imperial, como tampoco la había en la copia digital de Sean Young aparecida en Blade Runner 2049. Con el agravante de que, en este caso, Sean Young ni siquiera está muerta.

    Sí, parece que no hay quien pare al CGI, por mucho miedo que a veces pueda dar.

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