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    Festival de Sitges: Ya hemos visto 'Host', la mejor película de terror del certamen, y no está en la Sección Oficial
    Por Tomás Andrés — 14 oct. 2020 a las 8:30
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    La cinta rodada por el realizador Rob Savage, a través de la aplicación Zoom, conquista al público de Seven Chances. También vimos la anodina y predecible 'The Silencing'.

    Existen días marcados en el calendario y, sin duda, el martes y 13 es uno de ellos. Si le sumamos que es el primero en un año marcado por una terrible pandemia vírica que ha azotado a todo el planeta por igual, la cosa coge muchos más tintes dramáticos. Pero, sin embargo, los programadores del Festival de Sitges no han podido escoger un momento mejor para proyectar la que es la mejor película de terror del certamen: Host. A finales de los 90, el género se vio revitalizado por The Blair Witch Project (El proyecto de la bruja de Blair), mientras que en el 2007, Paranormal Activity hacía lo propio. Ahora, ha sido el joven realizador británico Rob Savage -que ya pasó por aquí con el cortometraje Dawn of the Deaf- el que ha roto los esquemas establecidos para rodar el primer largometraje de terror a través de la aplicación Zoom. El programa, que se hizo muy popular por su utilización durante los días de confinamiento a causa de la pandemia de la Covid-10, sirve como vehículo al director para realizar una divertidísima y acongojante pieza de fantástico sobrenatural en escasos 60 minutos de duración.

    La premisa de la película es sencilla: un grupo de amigas organizan una videollamada junto a una especie de chamán, que les guiará para poder invocar a espíritus 'online'. La cosa comenzará a tomar tintes terroríficos y dramáticos cuando la fuerza invocada resulte ser un espíritu maligno de lo más poderoso. Savage juega perfectamente con todos los 'clics' del género, los que maneja a la perfección, para demostrar -una vez más- que para inculcar miedo en las almas del espectador no hacen falta demasiados medios, ni un presupuesto abultado. En una época en la que hay que hacer ajustes presupuestarios -y el futuro no es nada halagüeño para la industria- las 'majors' deberían tomar nota de productos como este y apostar por ideas novedosas, frescas y atractivas en lugar de derrochar el dinero que tantos años ha circulado por sus libros de cuentas. Es sorprende que la que para muchos es la mejor película del certamen no se encuentre en la Sección Oficial del mismo y sí en la pequeña Seven Chances, en la que 7 productos que no se han estrenado en nuestro país puedan ser vistos en nuestro país.

    Shudder

    'The Silencing':  Nikolaj Coster-Waldau en un rutinario 'thriller' de asesinatos

    Pero no todo podían ser buenas noticias este martes 13, y la cruz viene dada por el anodino 'psycho thriller' The Silencing. Dirigida por el cineasta belga Robin Pront (The Ardennes) se trata de una cinta de asesinos en serie protagonizada por un Nikolaj Coster-Waldau que, tras protagonizar Plan de salida y Small Crimes, parece que está comenzando a anclarse en papeles en los que encarna a un 'redneck' huraño con el que resulta algo complicado empatizar, pero acaba convirtiéndose en héroe -o antihéroe- de la función. Secundado en esta ocasión por una solvente Annabelle Wallis (Peaky Blinders) y por un insoportable Hero Fiennes-Tiffin (recemos porque la carrera de este muchacho acabe en la saga After), el intérprete sueco encarna a un solitario divorciado que pasa los días rodado de alcohol y naturaleza con el terrible de recuerdo de la desaparición de su hija adolescente. Su vida dará un vuelco cuando haga aparición en su propiedad un cazador que persigue a una joven que ha perdido el habla. Sus investigaciones le darán una segunda oportunidad para vengarse de la persona que le arrebató lo que más quería años atrás.

    El filme es la cosa más rutinaria que ha pasado por ahora por la Sección Oficial y no pasa de ser una 'película de tarde de gran presupuesto'. Su cuidada fotografía no esconde lo errático de su guión -plasmado sin tensión ni alma- y la torpeza con la que se desarrolla la trama con la que no es complicado perderse a pesar de su aparente sencillez. Quizá gran parte de culpa la tiene su atropellado montaje y algunos momentos sonrojantes que lo arrojan a la estantería del olvido de un videoclub de barrio. Sólo recomendable para los muy fans del género, que piensan que productos como Resurrección (1999) o Postmortem son algunas de las cumbres del cine negro.

     

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