USA > Los estrenos del 16 noviembre 2018

  • Estrenos más esperados
  • Próximos estrenos España
  • Próximos estrenos USA
Semana anterior Semana siguiente 16 nov 2018  

Nota: Las películas están ordenadas en función de las visitas en SensaCine.

Foto : Animales fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald Tráiler
Animales fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald Tráiler
Foto : Malos tiempos en El Royale Tráiler
Malos tiempos en El Royale Tráiler
Foto : Alegría, tristeza Tráiler
Alegría, tristeza Tráiler

 Todos los tráilers destacados

Críticas de Usuarios
Megalodón por Guille

3 (3)

Si eres fan de Jason Statham estoy seguro de que te gustará, y si te llaman las películas ambientadas en el mar pues aún más. Es cierto que la acción no para y la película tiene unos efectos especiales muy buenos, tanto por la recreación del "Meg" como del entorno marino. Por lo demás no hay mucho donde rascar, todo se centra en el "bicho" y pensar las maneras de cómo acabar con él. Este film provoca cierta nostalgia a los que vimos en su día la saga tiburón y se agradecen estos remakes refrescantes aunque queden lejos de ser buenos.

  • Leer más 
Alpha por Pipe C.

2 (2)

Este convencional filme de supervivencia por parte de Albert Hughes es una de las más grandes decepciones del 2018. Vendida como el origen de la relación que cambió la humanidad para siempre, esta cinta de Sony Pictures y Studio 8 es un atípico hibrido dramático que nunca despega ni se define a sí mismo en parte por las desconectadas y desabridas técnicas de edición, una ligereza y simplicidad en la desvergonzada narrativa y una monumental decepción en la confección de cuadros icónicos que culpan a una artificialidad descarada sobrepoblada por ostensibles efectos visuales. En los últimos años, las majors americanas han adoptado una postura— estrategia comercial — clara frente al género dramático centrado en los caninos. Han decidido lanzar, por lo mínimo, un producto— porque son productos —audiovisual con nuestros perrunos amigos en el cartel; algunos fueron premiados, otros, castigados. El año pasado, Universal Pictures hizo lo propio, iniciando con polémica a lado y lado, bien sea por el material filtrado en la red sobre un supuesto maltrato animal o por el tenebroso mecanismo narrativo con que el filme abordaba temas como la reencarnación o la eutanasia; con todo, “A Dog’s Purpose” del ya familiarizado cineasta Lasse Hallström fue un hit inesperadamente redituable para la compañía. En cuanto a la mayoría de ejemplos precedentes, no se puede decir lo mismo. 2016 tuvo lo suyo gracias a Annapurna Pictures con “Wiener-Dog” de Todd Solondz, un filme fragmentado en cuatro que fue un descalabro en taquilla pero que convenció a la mayoría de críticos que la vieron en su premiere directamente en Sundance. Sería injusto ignorar la ferozmente ganadora alianza entre Illumination y Universal con “The Secret Life of Pets” de los directores Chris Renaud y Yarrow Cheney, la cual aunque recibió una respuesta mixta entre la crítica, gozó del apoyo del público, lo que se tradujo en más de un billón de dólares. En 2015, la clásica compañía Metro-Goldwyn-Mayer‎ presentó “Max” de Boaz Yakin y la compañía independiente Magnolia Pictures “White Dog” de Kornél Mundruczó, la primera incluso con su trasfondo dramático militar fue un estrepitoso fracaso tanto en taquilla como en critica, sin embargo, la propuesta de Magnolia se convirtió en uno de los filmes más difíciles de ver de la temporada; ahora bien, lo más triste fue la decisión de, después un extra-limitado estreno en algunas salas de festival y Norte América, lanzarla directamente a VOD. No es necesario aclarar que se han suprimido las bochornosas explotaciones que no aportaron en lo más mínimo al género, productos ofensivos que siempre disparan hacia el público infantil, tan solo por citar un ejemplo: “Robo-Dog” de Jason Murphy. 2018 no es la salvedad. Visitando numerosos festivales y estrenada mundialmente a finales de marzo, esta cinta no solo es una de las mejores películas del año, también es uno de los más importantes y arriesgados eventos cinematográficos para el stop-motion. Esta políticamente cargada, visualmente impresionante carta de amor a los caninos y a la cultura japonesa del maestro Wes Anderson merece un mejor puesto que este recorrido de cintas cortas de calidad, “Isle of Dogs” no tiene lugar aquí, de hecho, está bien lejos de aquí. En su lugar, quien merece dicho puesto en esta lista de perros y humanos es la travesía de gran presupuesto “Alpha.” Mucho más afín a la lacrimógena “Hachi: A Dog’s Tale” de Lasse Hallström y al cine más trivial de aventuras/supervivencia americano, el filme incinera en cuestión de minutos lo llamativo de la configuración narrativa de Albert Hughes, al decantarse, como buen producto Hollywoodense, por insertar inorgánicamente piezas de construcción dramática entre las incesantes pesadillas que el protagonista debe padecer desde que queda varado a la intemperie. El guion de Daniele Sebastian Wiedenhaupt es irregular y caprichoso, poniendo en manifiesto que la única atracción del filme es su voluntad artística que dispone de las ferocidades de la era de hielo para brillar. Equivocadamente, el largo decide representar la hostilidad y peligrosidad características del nomadismo únicamente a través de las imágenes, suprimiendo la función de una buena narrativa introductoria, la cual, a propósito, es brusca y sintética posicionándonos en mitad de un momento neurálgico. Lo que sigue es un áspero, indebido y dañino juego con la línea temporal, para terminar en el punto de partida inicial una vez más, lo que soluciona con una secuencia fragmentada de manera perturbadora y vergonzosa que lastima la pequeña construcción narrativa lograda. A partir de ahí, Keda, el protagonista, emprenderá su travesía de supervivencia; lo demás, ya se lo imaginaran. Así y todo, la relación padre-hijo es el motor del primer cuarto de la historia, el hilo de empatía que mantiene al espectador interesado, lo que permite apreciar un acertado diseño de personajes y un par de buenas actuaciones. Es un poco difícil imaginar la transición de salvaje e implacable depredador a amigable aliado en el contexto en el que filme navega, por tal razón, la relación con la verdadera estrella debió empezar a formarse capa por capa, lenta y naturalmente, sin catalizadores que quebrante dicho proceso. Aunque el guion da lo mejor de sí mismo, se pierde el foco cuando se introduce desacertadamente o bien alguna secuencia de acción o un artificial momento cómico. Al final, uno esperaría que dicha relación fuera más sólida, más real y mucho más creíble para hacerle justicia a la clase de historia y público al que se está dirigiendo, tristemente, el sintético final a lo único que hace justicia es a su perjudicial inclinación a agilizar las cosas. ¿Cómo es que el largometraje no es mudo? Cierto sinsabor se siente al escuchar la primera línea de dialogo, pues uno imagina que el filme va a arremeter con toda su originalidad. “A Quiet Place” ha revivido parcialmente y a su estilo el cine mudo, entonces ¿por qué no? Por supuesto, la obra de Krasinski es un thriller de paralizante suspenso, en cambio la cinta de Hughes es un drama manipulador, lo cual dificulta ciertamente su propósito; aun así, idealizando la propuesta, nivelando lo moderno y lo tradicional, una obra única hubiera nacido. Estás en serios problemas si, uno, pones lo mejor de toda tu película en un tráiler de más de dos minutos con mejor edición que la del filme entero, y dos, si tu distribuidora aplaza casi seis meses el estreno en busca de una fecha mucho más acorde. La primera vez que vi su tráiler oficial fue justo antes de ver algún otro filme de la misma compañía, siendo plenamente absorbido por la magnificencia e imponencia de las imágenes de Martin Gschlacht. Segundos más tarde, estaba anonadado y emocionado por lo que, al menos a nivel visual, el filme podría entregar. Más allá de ciertos paisajes deslumbrantes y alguna que otra escena para enmarcar, la belleza artística que prometían se ve severamente lacerada por el excesivo y evidente uso de efectos visuales, es ofensivo saber que lo único verdadero en pantalla es el actor. Muchos de los cuadros que tenían chances para la memorabilidad desmejoran en calidad por la incisiva artificialidad de las mismas. La ambientación en este tipo de películas es vital incluso si se recurre constantemente al CGI, por tal motivo, la sensación de indefensión y peligro inminente en la primera mitad del filme es, independiente a su veracidad, sensible, sumergiendo al espectador en la experiencia gracias a una hermosa iluminación y un método de filmación ocasionalmente aprovechado. Sus secuencias de acción no son particularmente inolvidables u originalmente potentes, haciendo la salvedad por un par de secuencias electrizantes y sinceramente simbólicas al inicio y al final de la función. “Alpha” de Albert Hughes — en su debut como director único —encandiló con las promesas de sus avances, luego de verla, no es más que una fútil épica de supervivencia que se apoya en una dirección comprometida y una gran actuación a cuenta de Kodi Smit-McPhee, unas cuantas bellezas visuales y el magnetismo gratuito que recibe cualquier filme con un hocico en la portada. Un filme que gradualmente se estanca en el entretenimiento rápido e insustancial, uno que no logra romper con el hechizo que sobrevuela el cine dramático sobre perros, uno sin pedigrí.

  • Leer más 
Megalodón por Pipe C.

3 (3)

Un presumible “Jurassic World” acuático que revitaliza la alianza cinematográfica China-Estado Unidos. Sumergiéndose en aguas peligrosas, Warner Bros. y Gravity Pictures estrenan su último blockbuster para la temporada veraniega. Un monstruo prehistórico que está tragándose a bocados millones y millones de dólares a causa de tres factores claves: el primero, por supuesto, el imán que significa un tiburón gigante en cualquier cartelera del mundo; segundo, la “gran diversificación” de equipo y elenco en un producto que reluce, desde lejos, corpulencia americana, pero que, sin embargo, acorde a los registros, fue suficiente para el público asiático como para agasajarla con cifras abrumadoras; y por último, Jason Statham, quien reclama así su puesto de héroe de acción luego de patearle el trasero a cientos como “Deckard Shaw” de la franquicia “Furious” y “Rick Ford” de “Spy,” dos grandes personajes que lo forjan como una infalible estrella-gancho entre el público norteamericano. Aunando sabiamente las estrategias y promocionándolas con frescura y autenticidad a nivel mundial, no había duda de que se estaría cocinando un poderoso terremoto comercial, satisfaciendo los caprichos del espectador menos exigente con un mega-producto inequívocamente americano que nunca procura ir más allá de lo que es: un remate maestro para la temporada cinematográfica mas ostentosa y desprejuiciada del año, de apabullantes magnitudes visuales posibles gracias a un magnánimo trabajo de efectos visuales, con personajes imbuidos del suficiente carisma como para resarcir la inconsistencia argumental y la mareante rimbombancia narrativa que se agolpan contundentemente conforme avanza el metraje. Solo compra los snacks, repantígate en el asiento, pon el cerebro en modo off y entra en las malévolas fauces de esta B-movie de monstruos que boya sobra el cine del “gran” Michael Bay. Erich Hoeber, Jon Hoeber— cercanos tanto familiar como profesionalmente—y Dean Georgaris, adaptando con libertad “Meg: A Novel of Deep Terror”, la primera de las novelas de ciencia ficción del escritor americano Steve Alten, presentan un guion desprovisto de cualquier ápice de cerebro. Abriendo con una introducción artificialmente efectiva, el material resulta medianamente convincente para los no conocedores, todo, claramente, hasta que la cordura desaparece y el espectáculo bombástico toma su lugar. Esta película es, sencillamente, un ejercicio de acción/aventuras de gran presupuesto de casi dos horas que pone a prueba tus ganas de pasar un grato rato, solo eso. Las situaciones, desde luego, son exageradamente arriesgadas e inverosímiles, apretando al máximo el rango de construcción de personajes y contexto, así que, avanzados los primeros minutos, manos arriba, la diversión ha empezado. Llega a ser inútil analizar el guion de un blockbuster como este, en donde lo que prima es el entretenimiento simplemente ambicioso. Se pueden recoger mensajes animalistas y ambientales dentro de esta caótica amalgama, así como uno que otro dilema moral puesto sobre el personaje protagonista y un par de sintéticos cuestionamientos políticos que emergen para solo ser devorados por una gran ola. Sustancialmente, poco más que una descerebrada historia de supervivencia puede encontrarse aquí. Como estrategia comercial, es un producto severamente aligerado con respecto a las novelas, canjeando tanques de sangre y escenas más crudas por secuencias edulcoradas y muertes cómicas que resultan tan frustrantes como divertidas. Con sus posters y único tráiler como fehacientes pruebas, gran parte de la historia se desarrolla con los personajes bien alejados del litoral, cuestión que los avances publicitarios solamente acarician y que destroza las esperanzas de una “Piranha 3-D” mastodóntica. La emocionante salvajada que se anuncia desde el inicio tiene lugar en el último cuarto del largometraje, salvajismo que transmuta rápidamente en gracilidad. Incluso de este modo funciona bastante bien la adaptación; sin embargo, deja, una vez más, descubierta la creciente tendencia de “engaño” que los estudios implantan para atraer a las masas dentro de su marketing, algo que esta vez, pese a dejar ahogar a muchos seguidores que soñaron con una versión R, les funcionó de maravilla. Está claro que van a nadar más deprisa, ¿listos para una nueva franquicia? El Jonas Taylor de Statham tiene un diseño de héroe de acción inusual para el género de hoy en día, pues intentan aplicar bajo la regular lamina de rudeza y reciedumbre unas cuantas gotas de moralidad y psicología que brindan una insuficiente pero favorable sustancia a todo este relajo cinematográfico. No falta la heroicidad acostumbrada que le permite salir mínimamente herido de hazañas extra-humanas; sin embargo, lo más increíble del personaje es, tal como sus últimos dos mejores papeles, la capacidad de librarse, aunque sea por unos cuantos segundos, del prototipo. En suma, Taylor está a años luz de un Ethan Hunt, pero tampoco podría estar sentado al lado de un Mitch Buchannon de The Rock. Asimismo, Jason Statham maneja excelente la cinta. El actor se ha caracterizado por sacar adelante la mayoría de los proyectos en los que se involucra, así, su sola presencia hace que el espectador se mantenga expectante incluso si se sabe quién morirá y quién no. Asisten también los momentos clásicos de cinta de acción, one-liners hilarantes o gratuitas escenas sin camisa que componen un pop-corn como pocos. En esta torta estratégicamente partida, China también se lleva una buena tajada y se llama Bingbing Li. Suyin, una madre soltera que no vacila en hacer lo impensable por la vida de sus compañeros, es la mezcla perfecta entre guerrera y damisela en apuros, adopta el rol de mujer autosuficiente con gusto e inyecta justo la dosis precisa de melodrama romántico. Compatible con el empoderamiento femenino y la diversidad crecientes en áreas de producción audiovisual americanas, es enorgullecedor ver dos filmes con actores principales extranjeros ocupando los primeros puestos de la taquilla mundial (“Crazy Asians Rich” y “The Meg”) y un par más con dividendos desiguales (“A Simple Favor,” “Searching” y “Mile 22”). Colaboraciones como estas entre estudios culturalmente distintos son los primeros pasos que abren puertas a las audiencias que estén dispuestas a ampliar sus preferencias cinematográficas, un camino que está empezando a tomar forma. Aquí hay un solo “antagonista”—bajo la relación presa-depredador, — sin embargo, el guion juega con una especie de villano que no tiene demasiado valor para la historia más que ser objeto de pequeñas líneas cómicas y la correspondiente moralina. Rainn Wilson sostiene al personaje por más de hora media, un billonario promotor de exploraciones marítimas que llega a la facilidad de investigaciones “Mana One” con unos extravagantes tenis Nike, con más egoísmo que dinero. El personaje no quita ni aporta, una adición insignificante que bien pudo pasar desapercibida si no fuera por el empeño que Wilson deposita en él. Son cuatro los responsables del casting, quienes apoyados con gran libertad en las figuras de las novelas de Alten, mueven y modifican las fichas requeridas en su tablero comercial con el fin de impactar fuerte desde el sur de América hasta bien al norte de Europa por medio de una plétora de actores de lo más variopinta. Erradicar, de la exhibición actoral, muestra alguna de dominante americanización hace sido el movimiento, ignorando deliberadamente que aquí el héroe es un castizo macho yanqui. Así, el neozelandés Cliff Curtis se incorpora en un papel de soporte que sustenta algunos de los risibles giros argumentales; Ruby Rose, actriz que poco a poco se gana la etiqueta de “heroína de acción” en cual sea el producto en que participe, no decepciona con un nuevo personaje rudo e impasible que se agrega a la lista, aun así, tal como la mayoría de sus proyectos audiovisuales (“Resident Evil: The Final Chapter”, “XXX: Reactived” o “John Wick: Chapter 2”), sufre de una abrupta minimización, reteniendo su capacidad de construir un papel más allá del estereotipo. Completan Winston Chao como el padre de Suyin y capitán de la misión de las exploraciones; Shuya Sophia Cai como el instrumento que el filme emplea para manipular a su audiencia por medio de su tierno hipnotismo; y Page Kennedy y Robert Taylor como tripulantes y personajes de apoyo puestos en bandeja de plata para el gran megalodon. Warner ha hecho un magnífico trabajo con las imágenes, eso no se puede negar. Este suntuoso festín de efectos digitales podría ser de lo mejor que podrías ver en una sala de cine este año. El diseño de producción de Grant Major es gigantesco, armónico con su presupuesto ($130 millones de dólares), creando una magnificencia visual que propulsa y defiende su esencia: big dumb action movie. El cinematógrafo nominado a un Premio de La Academia por “Changeling” Tom Stern, quien también trabajó en la Oscarizada “American Sniper” de Clint Eastwood, provee cuadros verdaderamente hermosos para el escena del blockbuster moderno, con una funcionalidad que se beneficia del portentoso tiburón prehistórico de 100 toneladas. Puede que “The Meg,” en la superficie, tipifique la gran producción americana, pero aun así, un excelente Stern le brinda un especial push, una arrolladora voluntad digital. El océano, imponente y poderoso, durante el primer acto está bastante contenido, enfocándose mejor por presentar de manera fluida el ultra-moderno submarino de operaciones en donde tiene lugar gran parte de la historia; sin embargo, este abstencionismo, acompañado de un par de enormes sorpresas, es la insinuación perfecta de una posible nueva franquicia; nuestro tiburón no es la única creatura allí abajo. Finalizando el segundo acto y a medio camino del tercero, los enormes colmillos ven la luz del día, es decir, por fin tenemos lo que nos prometieron, y de tremenda manera. Todo el departamento de arte hace un trabajo fantástico, en especial el departamento de arte y de edición, pues sin ellos en la ecuación, no todos esos millones hubieran caída tan rápido en las fauces de Warner Bros. Los hercúleos set-pieces encuentran un propulsor en el soundtrack de Harry Gregson-Williams, con composiciones ambientales y dramáticas que se ensamblan con populares éxitos y clásicos musicales como la versión tailandesa de “Hey Mickey” de Toni Basil o “Beyond the Sea” de Bobby Darin, que la dota de esa personalidad irreverente, ese PG-13 que los ejecutivos han decidido abrazar. Sin embargo, la construcción de tensión es gravemente mediocre, pues esta debería manejarse de forma maestra en un filme como estos. Con el inevitable y repetitivo referente de Steven Spielberg en frente, se aprecia poco esmero en una introducción tenebrosa y suspensiva para el gran tiburón, las muertes no son del todo imaginativas y sus apariciones quedan lejos de trasmitir lo que deberían trasmitir. Lo anterior no quiere decir que no haya ni un ápice de tensión, la hay, especialmente en el primer acto de la película, no obstante, ni la heroicidad de Statham ni la valentía de Bingbing Li consiguen salvar tan vital componente. “The Meg” de Jon Turteltaub clausura la temporada estival cinematográfica del 2018 con una mordedura bestial. No estamos frente a una revolucionaria mega-producción, estamos en frente de un filme de enorme presupuesto que vuelve a poner sobre la mesa los acuerdos de coproducción entre el mercado americano y oriental— evento que “The Great Wall” de Matt Damon no pudo saldar —ante la increíble redituabilidad comercial y la sorpresiva— para bien —respuesta mixta de la crítica. La cinta de Turteltaub no está para ser criticada desde el campo narrativo, ahorrándonos la inutilidad, el filme está hecho en función a su capacidad de entretenimiento fugaz, en lo cual se ganaría uno de los puestos más altos en el podio. Muerde el anzuelo, apaga tu cerebro y deja que esta monumental maquina de entretenimiento/dinero abra sus fauces e intente, solo intente, devorarte por casi dos horas.

  • Leer más 
Regístrate

para publicar tu crítica

Estrenos más esperados
Foto : Animales fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald

Director: David Yates

Reparto Eddie Redmayne, Katherine Waterston

Película - Fantasía

Tráiler  |  Cartelera (215)

2. El Grinch
3. Ralph rompe Internet
4. El silencio de otros
5. Aquaman
6. Malos tiempos en El Royale
7. Cadáver
8. Vengadores 4
9. Pokémon Detective Pikachu
10. Durante la tormenta

 Todos los estrenos más esperados