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El director australiano Andrew Dominik ofrece una disección tan arriesgada como certera acerca de la angustia, el miedo, la paranoia y la fragilidad de la identidad a través de su excelente y crepuscular western. Tres horas de metraje despliegan eficazmente una tragedia de largo alcance y amargo resabio. ¿Cómo puede vivir y experimentarse uno en su identidad y en su memoria, en las ideas y emociones que le habitan, si cada palabra que emite o cada pensamiento que inventa se aparece al fin como íntimamente conexionada, entrelazada con (y por tanto creada a partir de) otro ser humano convertido en objeto de fagocitación psicológica y existencial? Casey Affleck y Brad Pitt sustentan por lo demás toda la poderosa estructura narrativa sobre los hombros de unas interpretaciones gigantes. Excepcional.
Añadido el 19 jun 2010 a las 17h27
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