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    Cazafantasmas
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Cazafantasmas

    Nueva York bajo el terror de los espectros

    por Marcos Gandía
    A estas alturas todos admitiremos que Los cazafantasmas, ese incunable dirigido por un Ivan Reitman en estado de gracia a partir de un guión perfecto escrito al alimón por Dan Aykroyd y el añorado Harold Ramis, es no sólo un clásico, sino una obra de arte expuesta no en un museo (si estuviera encantado, vale) sino en el subconsciente y la nostalgia de varias generaciones. Paul Feig, en teoría el director más alejado del estilo humorístico de Reitman, Aykroyd y Ramis, propone algo que no podríamos o deberíamos llamar remake: una reinterpretación no de la película sino de cómo hemos acabado viendo la película original. Todos los elementos parecen estar ahí: el primer espectro, los mocos verdes, la reunión de los investigadores de lo paranormal, la puesta en marcha del negocio, el eco/cachondeo mediático, los primeros encargos, la amenaza a la ciudad de Nueva York, el caos urbano… Y también personajes de la primera: Slime, el muñeco gigante marshmallow, el alcalde (un Andy García que no sabe dónde está, el pobre)… además de los cameos de los que todo el mundo habla pero que no se corresponden (salvo uno) con sus roles en el film ochentero.

    Cazafantasmas - Cartel
    Bien, todo está ahí, todo apunta a repetir la historia pero la gracia (al menos para quien esto firma) es que la historia importa un pimiento. De hecho juraría que el argumento es el reciclaje de algún guión no producido o rechazado para una continuación de Men in Black (el malvado de la función parece directamente sacado de algún Hombres de negro). Nada de eso importa: Cazafantasmas encadena guiños a lo que más ha perdurado de la película de Ivan Reitman, les da a veces una vuelta muy a lo Scooby-Doo (¿no son los fantasmas los mismos que en la mítica serie televisiva de dibujos animados?) y se entrega a lo que realmente es la cinta, una fiesta temática de disfraces. Temática Ghostbusters, por supuesto, pero también ochentera (Kate Mckinnon no para de homenajear a esa década). Y es que quizás la clave para disfrutar del film de Feig con sus actrices fetiche sea verlo como algún exploit que hubiera hecho la Cannon (la de las comedias tipo Golfo de alquiler) en su momento. O simplemente como un desfile del día del orgullo gay por una Times Square tomada por frikis, mujeres al borde de un ataque de nervios, fantasmas de cartoon y una loca como el personaje de Chris Hemsworth, reinona absoluta.


    A favor:
    Chris Hemsworth mariconeando con muchísima gracia


    En contra:
    sí, no hay guión
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