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    G-Force: Licencia para espiar
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    G-Force: Licencia para espiar

    Una de roedores espía

    por Covadonga G. Lahera
    Jerry Bruckheimer vehicula junto a la Disney su primer largometraje en 3D que supone, además, la trasposición del subgénero de espionaje a un filme protagonizado por roedores que combina acción real con animación digital. El acierto fundamental del filme estriba en su capacidad para generar sorprendentes escenas de acción donde los ratones protagonistas (Darwin, Blaster y Juárez), el insecto Mooch y el topo Speckles se convierten en perfectos discípulos de James Bond, MacGyver o el Ethan Hunt de la saga de Misión: Imposible. Los miembros de este microcosmos clandestino logran tener carisma y especificidad, por mucho que se construyan a partir de elementos ramplones y guiños manidos. Por el contrario, los actores reales son, en general, lo más molesto de la función. Sus intervenciones se sienten la mayoría de las veces como emplastos y simplemente responden a la confrontación extrema del bueno contra el malo.

    Las escenas de acción se resuelven con espectacularidad y en adecuadas dosis. También destaca la aguda ingeniería que puebla la pantalla (como colofón, un amasijo de electrodomésticos convertido en un monstruo gigante homicida). Otra cuestión a la que dar de comer a parte son los trasnochados "valores" que sigue ensalzando "el discurso Bruckheimer": hombría, heroísmo, patriotismo, militarismo, etc.

    A favor: Su inventiva en la concepción de objetos e interacción de los roedores con estos, así como la construcción de las escenas de acción.

    En contra: Su discurso militarista, patriótico y machito.
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