El País
Polanski, un creador obsesionado con el mal en sus muy variadas formas, sabe que aquí está al servicio de una idea ajena, que su autoría será menos reconocible, pero hace un modélico trabajo profesional, un relato plagado de suspense, humor cáustico, alérgico a los tópicos, imprevisible, malicioso, con poderío visual y diálogos mordaces, en el que no sobra ni falta nada.
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