El País
Dejando aparte el asunto del 3D (que aquí ni resta ni suma), con unos cuantos elementos clásicos (un payaso, una niña muerta, un túnel) y el siempre eficaz asunto de las mudanzas en edad infantil, la película es un prodigio de frescura que mira al espectador directamente a los ojos y no por encima del hombro.
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