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No obstante, y a pesar de que a ese torrente interpretativo llamado Meryl Streep le sobran unas cuantas risas de complicidad, al menos hay que agradecerle a Meyers esa visión de la cirugía estética femenina como experiencia a medio camino entre el terror y el absurdo, desde luego poco extendida en el Hollywood de hoy.
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