El País
De Javier Ocaña
Únicamente en el juicio, excesivamente largo, sorprendentemente reiterativo (sobre todo teniendo en cuenta que se han cortado infinidad de minitramas y personajes), hay una peligrosa tendencia al subrayado visual, a la pausa innecesaria, a la altisonancia de gestos y actitudes, con la finalidad inicial de sorprender al espectador. No lo consigue. Eso sí, en el resto de la película se mantiene la esencia, logrando una eficacia, si no brillante, sí al menos congruente con la frialdad de sus protagonistas y de su ambiente, y con las cicatrices, más interiores que exteriores, que quedan en sus antihéroes.
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El País