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    Asesinos de élite
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Asesinos de élite

    Mercenarios y marionetas

    por Quim Casas
    'Asesinos de élite' tiene dos virtudes principales. La primera atañe al actor Jason Statham, cuyas posibilidades de otorgar mayor prestancia dramática a sus héroes taciturnos del cine de acción son cada vez más reales, y la segunda define muy bien, y de manera realista, el verdadero papel de tanto mercenario entregado a causas que no son las suyas: los dos personajes antagonistas, el mercenario contratado por un jeque árabe para ejecutar su venganza que interpreta Statham y el ex agente del SAS (el Servicio Especial Aéreo británico) encarnado por Clive Owen, son retenidos por un miembro del servicio de inteligencia británico, quien les acusa de no tener nunca una visión panorámica de los hechos y limitarse a cumplir las órdenes sin pensar nunca en lo que están haciendo y por qué lo están haciendo.

    A su manera, sin levantar demasiado la voz y dejando que la acción y el músculo prevalezcan sobre la razón, 'Asesinos de élite' retrata a este tipo de personajes como auténticas marionetas de un sistema que se vale de quien sea para lograr sus fines. Aquí se trata, como casi siempre en el cine de espionaje de las dos últimas décadas, de la lucha por el oro negro, que diría Herge, del tira y afloja entre agencias, diplomáticos, mercenarios y gobiernos por el control del petróleo.

    Pero eso es francamente lo de menos. El debutante Gary McKendry, inspirándose en un caso real documentado en su novela por uno de los participantes en el asesinato de los tres hijos de un jeque árabe y los acontecimientos posteriores, ha construido una película más o menos tensa, sin demasiados fuegos de artificio –o los justos–, a la que le sobra la intimidad del personaje de Statham –los flash backs que ilustran su pasado amoroso– y le falta algo más de densidad por lo que respecta al encarnado por Robert De Niro, el más veterano y sabio de los mercenarios que aparecen en el relato.

    La película tiene una estética algo macarra, acorde con los tiempos (primeros ochenta) y ambientes (irlandeses) que retrata en distintas partes del film, y maneja con cierta habilidad referentes bien distintos del cine de acción y espionaje contemporáneo, de la locuacidad visual de la serie Bourne hasta las persecuciones del thriller setentero.

    A favor: Statham, cada días más convincente en lo dramático, Owen, De Niro y Dominic Purcell, unos cuantos hombres duros.

    En contra: Las fugas al pasado sentimental del protagonista.
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