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Críticas
2,5
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Ellas

Putas y sumisas

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'Ni putas ni sumisas' es uno de los lemas del movimiento feminista sobre el que gira 'Ellas', el segundo trabajo de la polaca Malgoska Szumowska, cineasta aupada en la crema del circuito de festivales europeo y recién llegada a la cartelera patria. Y es que un par de putas y una sumisa protagonizan la película, dos jóvenes estudiantes universitarias y una periodista cuarentona de clase alta que escribe en revistas femeninas cuyo último encargo es describir las razones que empujan a estas veinteañeras a vender su cuerpo a cambio de dinero, dos tipos de mujeres que, como quiere evidenciar la directora, no son tan distintos como aparentan los mundos en los que se mueven.

Binoche interpreta a Anne, a quien la presión por encarnar el modelo de mujer y madre de familia de revista la oprime y frustra. No por casualidad escribe en una de esos famosos magazines de editoriales de moda y artículos de autoayuda, tan blancos e higiénicos como el apartamento en el que vive. Una princesa burguesa ahogada en su burbuja swarovski. La película la sitúa en el día que ha de entregar el artículo sobre las escorts y sigue su evolución psicológica hasta la noche, cuando tiene lugar una cena con el jefe de su marido. Mientras escribe recuerda sus citas con las chicas, quienes le descubren que sus motivos para ejercer el oficio más viejo del mundo no son tan espantosos como pensaba. Una de ellas le espeta "Lo terrible es el olor" y Anne cree que se refiere al olor del esperma, al olor seco del sexo, pero la joven la contradice y señala que, no, que se trata del olor de los jerseys baratos, los muebles baratos y su anterior mundo barato. Y es que en el mundo de Anne no existe el sexo como tampoco existen los precios de oferta, aunque en otro momento del filme se queje a su marido de que lo único que les puede interesar de ella a su jefe y esposa es que es capaz de conseguir buenos descuentos en tiendas de lujo. Por supuesto, poder gozar de esa comodidad material le ha costado caro, pero en la película parece que sólo dos putas pueden hacerle ver la realidad.

¿Qué diferencia hay, pues, entre las chicas y la mujer casada? Para Szumowska ninguna. La analogía es total y la resolución, otra definición de diccionario: el matrimonio no deja de ser una transacción sexual y económica, probablemente no tan honesta y más frustrante que la prostitución. Es una lástima que haya mucho de cliché feminista en los resultados de la cineasta, aunque no por ello sean menos válidos. Szumowska pone toda su piel en el trabajo, como también sus protagonistas, rostros de esa ambivalencia moral por la que se mueven, pero de alguna manera los primeros planos con los que juega la cineasta son incapaces de llegar al fondo del conflicto y la película navega tan limpiamente como esa limpieza burguesa que pretende denunciar. Casi tan pulcra como un artículo de revista femenina.

A favor: La sofisticación de la estructura narrativa y la entrega de sus protagonistas.

En contra: Juliette Binoche no es demasiado creíble como periodista
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