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    Puro vicio
    Nota media
    2,8
    40 notas incluyendo 5 críticas
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    5 críticas de usuarios

    Lourdes L.
    Lourdes L.

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    1,5
    Publicada el 15 de marzo de 2015
    "Ellos me ayudaron, me ayudaron a despertarme de mi mal sueño de hippie"; la pregunta es ¿quién me ayuda, a mi, a despertarme de este galimatías psicodélico que tiene el ego muy alto para lo poco que alcanza?, tanto movimiento suntuoso, diálogos alborotados y conversaciones aturdidas, de las cuales, se salva una de cada diez. Aún me pregunto por qué he tenido el valor de acabar dicho perdido relato cuando, a una hora de su proyección, ya iba despistada, extraviada y dándome todo igual; porque sí, con pena en el alma hiriente, me da igual quien haya muerto, desaparecido, vuelto y resucitado o encontrado medio drogado ya que, ¡por Dios!, que lío mental, de surrealismo vicioso, sacado de madre y vendido como obra maestra para una historia que vive de su magnífica puesta en escena -limítate a ello- y un fantástico Joaquín Phoenix que se come la pantalla a cada paso y aparición y que, lamentablemente, es lo único decente de un desfile de actores conocidos, pegados con un falso posit, de escasa rentabilidad y provecho y un rodar los fotogramas hasta acabar por saturar y cansar, al espectador, en este barullo sin incentivo ni estímulo que no sea cargar la mente con datos que, ni coges ni enlazas por muchas vueltas que les des y al que puede que, haya que estar igual de alucinado que su protagonista para poder seguir la estela de la maníaca excentricidad narrada. No se si es el antecedente hippie de Mike Hammer, ya con sombrero ocasional pero sin bigote ni porte lustroso -aunque, eso sí, un genial moldeado/tinte/espachurrado que ¡no veas!, ¡ríete de los años setenta!-, o un Magnum polvoriente, que necesita una ducha, a quien han cambiado la pistola por papelinas y mechero o, un mísero y desdichado colgado que apenas sabe dónde se encuentra, lo que dice y que alucina el solito siendo el héroe de su exclusiva rallada cerebral y, la verdad, por una vez ¡me da igual!..., me da igual lo que le pase, me da igual lo que resuelva, me da igual el desenlace, me da igual quién es el culpable, me da igual el libro de Thomas Pynchon, me da igual si Paul Thomas Anderson le es fiel o añade o quita material de su propia cosecha, me da igual ¡exactamente todo!..., y dicho mérito, triste, doloroso e, incluso inevitable es exclusivo de este director de grandes trabajos en el pasado que, aquí, se estrella contra su propia nulidad para motivar a una razón asfixiada de tanto absurdo meneo, una vista agotada del desfallecer panorámico, unos oídos que hace tiempo dejaron de escuchar pues, su atención, tuvo la osadía de llegar a casi una hora de metraje y ya no pudo más y, un alma devastada por tan enorme decepción dado el color y estimación con el que había acudido a dicha obra, la cual, se excusan con la siempre oportuna acepción..., es decorada con inventiva preciosa y creativa, sólo apreciable y querida para unos pocos elegidos. Siempre me gustó ser de esos pocos elegidos, exquisitos de saber apreciar y saborear la delicadeza y genialidad de la distinción pero, en esta ocasión, toda para ellos ¡qué son 2 horas y media!, ¡148 largos, soporíferos y densos minutos!, ¡8880 pesados, incoherentes y memos segundos!; es la audiencia quien merece un premio a la paciencia, resistencia y, para conmigo misma, lealtad, por no comentar algo no visto porque, con gusto, la hubiera mandado al desdén del recuerdo que nunca hay que evocar, plantado a mitad de camino y darle el honor de ser la primera película de la cual salgo de la sala del cine sin terminar; pero, tuve el coraje de aguantar aunque sólo sea para vengarme ahora. Después del necesario desahogo emocional, seamos racionales y vamos a reflexionar sobre ella; un fumeta, adicto a lo que sea, investigador privado, con unas patillas que ¡ni Curro Jimenez y el algarrobo juntos!, recibe la visita de su ex para que busque a su actual, al tiempo que la mujer de él realiza la misma petición después de desaparición, muerte, ambos o lo que sea de los anteriores, añadimos un agente "big foot" de la ley, devora plátanos con un palo, abogado recursivo que ilumina para, sin atino, continuar con la misma ceguera, un rico propietario abducido que no logra alcanzar la salvación, un china por aquí, una tía desnuda por allá, las dos haciendoselo juntas, un dentista cocainómano, una respetada fiscal que sólo busca perder su integridad en la cama y bla, bla, bla..., juntalo todo, pon la batidora y a ver qué te resulta porque yo, sólo encuentro un producto asfixiante, tedioso, cargante y de amargo sabor por su duración, despropósito e ingratitud absurda a todos los sentidos, sin dejar uno, ¡todo un récord! "El mar, el tiempo, las memorias y el olvido, los años de promesas desaparecen y no son recuperables, el destino siempre llega a nosotros, sólo tenemos que acercarnos a él y nunca huir, es inútil, y tomar lo que nos llega, y agradecer, y recordar que no vivimos siempre..." ...,¡por qué no te callas!, voz en off -como diría nuestro campechano jubilado rey-, que el dolor de cabeza ya empieza a asomar pues, el desinterés, desapego y olvido por ella ya hace tiempo hicieron presencia... "..., tal vez la confianza desplace a la inseguridad y redima todo, cuando la fe americana se desvanezca y venga el miedo...", ¡y continua la tía! Lo malo es que no da ni para reírse de tanta parrafada inútil. Vicio puro, interiorizado, consustancial, inherente del que sólo él se entera, sólo él disfruta; yo me lo guiso/yo me lo como.
    Beatriz López Velasco
    Beatriz López Velasco

    Sigue sus publicaciones 47 usuarios Lee sus 465 críticas

    3,5
    Publicada el 26 de mayo de 2015
    [...] La trama está narrada por el personaje de Sortilège que nos ayuda a seguir la historia con un poco de coherencia, algo que no resulta fácil ya que se según avanza la trama se convierte en una complicada maraña de conspiraciones, muertes, drogas y peligrosas organizaciones que retratan el final de una era, la generación hippy y la pérdida de la inocencia. Aunque a veces da la sensación que todos los acontecimientos son una excusa para que el protagonista se cruce con una gran cantidad de excéntricos personajes, a cada cual más pintoresco, con nombres tan extravagantes como Petunia, Jade, Japónica, Sortilège, Bambi o Amatista. La película es muy peculiar, tiene momentos divertidos, conversaciones interesantes y extraños personajes secundarios, todo retratado en una atmósfera psicodélica, visualmente muy interesante, sugerente y llena de color, pero que puede llegar a cansar y es que en muchas ocasiones resulta desconcertante. Me gusta la historia de detectives, traía a mi cabeza antiguas películas de detectives, con bellas mujeres que resultaban ser la perdición de los hombres; también me gustó el tono triste y melancólico de la narración, a pesar de que se supone que es una comedia. Sin embargo hay demasiados elementos de distracción, escenas tan surrealistas que no saben si son reales o fruto de los excesos con la droga (como Bigfoot comiéndose un plátano congelado), y todos esos personajes estrafalarios que le dan el punto de comedia, pero que llegan a saturar además de alargar el metraje dos horas y veinte. Joaquin Phoenix vuelve a realizar una gran interpretación, está claro que Paul Thomas Anderson le tiene bien cogida la medida y ambos se entienden a la perfección. Josh Brolin de nuevo en el papel del poli rudo e inexpresivo y junto a ellos una amplia lista de grandes actores ejerciendo de secundarios como Benicio del Toro, Reese Witherspoon, Owen Wilson, Eric Roberts, Jenna Malone, Michael Kenneth Williams, Maya Rudolph, Martin Short…
    Gerardo M.
    Gerardo M.

    Sigue sus publicaciones 27 usuarios Lee sus 152 críticas

    4,0
    Publicada el 16 de enero de 2015
    Cine noir y marihuana Paul Thomas Anderson planteaba en “The Master” la búsqueda existencial en la América de los plenos años 50. En los años 60, dicha búsqueda quedó sumida en la psicodelia del tripi social que supuso la cultura hippie, del fumeta que soñaba con encontrar el camino al existencialismo a través de un simple porro. En su novela “Vicio Propio”, Thomas Pynchon planteaba el final de ese sueño situando la acción a finales de los 60 en el suroeste de Estados Unidos, con la historia de un detective hippie que buscaba a su ex novia y a un magnate inmobiliario desaparecidos en una California dominada por polis corruptos, grupos raciales, hermandades arias, compañeros de papelinas reconvertidos en activistas políticos, dentistas adictos a la cocaína y barcos destinados al contrabando de drogas. Todo ello a su vez en pleno clima de tensión por el caso Charles Manson, que sumió a toda la sociedad en una falsa paranoia de inseguridad y convirtió a los hippies en el blanco de todas las miradas. Por tanto, parece que Anderson era el cineasta idóneo para llevar a la gran pantalla la psicodelia presente en las páginas del autor neoyorquino, que sus caminos acabarían por encontrarse. Y uno podría esperar que, ante semejante argumento, el director volviese a sus orígenes pero llevando la excentricidad de la propuesta mucho más allá. Lo sorprendente de su visión de la novela original es que Anderson no ha apostado por los “excesos” de sus primeros trabajos, ni siquiera por la impostada locura visual que bañaba “Punch-Drunk Love”. Su “Inherent Vice” –un nuevo aplauso a los traductores españoles- combina con acierto el dinamismo en la narración y el look retro de “Boogie Nights” con la solemnidad de sus dos anteriores cintas, y lo que resulta es una obra divertida que desprende singularidad y extravagancia en su guión, en los actos de sus personajes y en su propuesta audiovisual –fantástica la banda sonora de Johnny Greenwood y ese aroma setentero que desprende la cinta-, pero resultando comedida en todos sus aspectos, sin llegar a desatarse del todo. A medio camino entre “El gran Lebowski” de los Coen y el Polanski de “Chinatown”, “Inherent Vice” supone una adaptación libre –elimina y modifica muchos pasajes del libro que habrían enrevesado demasiado la trama de manera innecesaria- de la obra de Pynchon, y tan desenfadada y desvergonzada que no será del gusto de la Academia, pero que está llamada a ser una de esas pequeñas joyas de su realizador. Puro cine noir sin paliativos y con bocanadas de marihuana corriendo por sus fotogramas, que tiene además en la mirada perdida y despreocupada de Joaquin Phoenix al Doc Sportello perfecto, al detective del Hollywood clásico pasado por el filtro de los estupefacientes, pero siempre en busca de la verdad. A favor: Joaquin Phoenix y la apuesta desenfadada y psicodélicamente comedida de Anderson En contra: algunos esperarán que se desboque mucho más
    Andres J A.
    Andres J A.

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    3,5
    Publicada el 11 de abril de 2015
    ena pelicula, un poco graciosa en fin dejo un link apra verla online
    Gonzalo G
    Gonzalo G

    Sigue sus publicaciones Lee sus 9 críticas

    3,0
    Publicada el 3 de octubre de 2019
    Esperaba mucho de esta pelicula despues de los anteriores trabajos de P.T. Anderson "The Master" y "There Will Be Blood" que son joyas del cine a mi parecer pero lo que termine viendo es a Anderson tratando de ser David Lynch aunque debo rescatar la actuacion de Joaquin Phoenix si no fuera por este señor no creeo que le hubiera tenido la paciencia de verla completa.
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