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La chispa de la vida
Críticas
3,5
Buena
La chispa de la vida

Picaresca TV

por
La sombra del Lazarillo es alargada, y pasando en zig-zag por el esperpento valleinclanesco, desemboca abruptamente en el trabajo de Alex de la Iglesia, que lleva años actualizando la tradición de la picaresca y el esperpento con su galería de perdedores y perdidos, acabados, payasos amargos y buscavidas hambrientos. Del Rafael de 'Crimen ferpecto' que buscaba el éxito a través del sexo, al Roberto Gómez de 'La chispa de la vida', las raíces del cine de De la Iglesia se hunden en lo más negro de nuestra tradición literaria capaz de mirar con sorna a la realidad y extraer de ella, espejo deformante de por medio o no, aquello que el realismo débil o el arte cortesano no se atreve.

'La chispa de la vida', basada en un guión del americano Randy Feldman, puede que no sea su mejor película, pero es coherente con su proyecto de sacar a la luz lo más miserable de una España acostumbrada a mentir, a vivir por encima de sus posibilidades, y que abrazó lo peor del capitalismo con la emoción de quien se reencuentra con su madre muchos años después... sin darse cuenta de que está muerta, como en 'Psicosis'. Porque si 'La chispa de la vida' tiene una virtud es la de poner en escena ese neo-derecho creado por el capital, y que hemos asumido todos sin pestañear: el de vendernos a nosotros mismos, el de convertirnos en mercancía, y salir al mercado a comerciar con nuestra carne recién cortada. Sin tapujos, y casi con orgullo, reclamamos el derecho a que nos maltraten, el derecho a ser denigrados, el derecho a ser explotados, tal y como hace el protagonista de la película, convencido de que la salvación para su familia solo pasa por vender su tragedia al mejor postor (televisivo) y convertirla en el sueño dorado de cualquier productor sin escrúpulos: la muerte en directo. De la Iglesia organiza toda la película en un viejo teatro romano, restaurado a mayor gloria de los politicuchos locales, en clara metáfora del viejo "pan y circo" con el que atontar a las masas, porque al final, 'La chispa de la vida' se presenta como una denuncia sin tapujos del pan y circo contemporáneo: el espectáculo televisivo de compra-venta de vidas humanas.

A favor: Ver cómo De la Iglesia continúa con su retrato de lo peor de nuestro paisaje moral, económico y mediático.

En contra: La pareja Jose Mota-Salma Hayek, que venderá mucho (o no) pero no funciona ni por asomo dramáticamente. Y que la película roce precisamente aquello que pretende denunciar.
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