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    Kiseki (Milagro)
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Kiseki (Milagro)

    Tú a Kagoshima y yo a Hakata

    por Beatriz Martínez
    La película 'Nadie sabe' (2004) constituyó un antes y un después en la carrera del cineasta japonés Hirokazu Kore-eda. Gracias a ella consiguió darse a conocer dentro del circuito de festivales y su cine se abrió a una mayor cantidad de público. Era su cuarto largometraje y con él logró concentrar todas las ideas, todas las pulsiones que habían latido en sus ficciones, siempre a medio camino entre la fábula, el imaginario ensoñador y la realidad más dura y aplastante. Las películas de Kore-eda navegaban entre la severidad formal y la emoción sensitiva que desprendían unas historias que le llegaban a uno al alma sin necesidad de convocar el sentimentalismo. Después del éxito de la impecable 'Nadie sabe', quizás su obra maestra, el estilo del director comenzó a relajarse a través de películas que mostraban su cara más amable, como es el caso de 'Hana' (2006), un jidai geki de tono mucho menos grave del que nos tenía acostumbrados y que marcó el inicio de su coqueteo con diversos géneros y su distanciamiento del que hasta el momento había constituido su línea básica de pensamiento, basado en la reflexión en torno al recuerdo, la memoria, la ausencia y el sentimiento de pérdida que esta genera. Volvió a recuperar el impulso gracias a su siguiente película, la espléndida 'Still Walking' (2008) y a la melancólica y naíf 'Air Doll' (2009), en la que ahondaba en otro de sus temas favoritos, el de la identidad del ser humano y la búsqueda de su lugar en el mundo dentro del entorno que le rodea.

    De alguna manera, la película que nos ocupa, 'Kiseki (Milagro)' vuelve a girar en torno a algunas de las obsesiones del cineasta nipón: la infancia, el desarraigo, la forja de la personalidad, la tenacidad a la hora de alcanzar aquello que se desea, la diferenciación entre el sustrato imaginado y la asunción de la implacable realidad... pero de una manera un tanto descafeinada. Si en 'Hana' decíamos que Kore-eda relajaba su estilo, en 'Kiseki (Milagro)' parece abandonarse por completo hacia la laxitud, ya que el resultado dista mucho del férreo distanciamiento que imponía en sus mejores trabajos, abandonando el terreno de la abstracción y la poesía para adentrarse en los terrenos del neorrealismo menos disciplinado.

    El director ofrece un relato de aprendizaje a través de la mirada de dos niños separados tras el divorcio de sus progenitores. La escisión familiar ha provocado en cada uno de ellos una serie de sentimientos confusos: Koichi echa de menos la unión de los cuatro miembros y sueña con que todos vuelvan a reunirse de nuevo, mientras que el pequeño Rynosuke, más consciente de las diferencias entre sus padres, se conforma con la nueva situación y trata de disfrutar a pesar de las circunstancias. Ambos viven en dos ciudades diferentes, pero la instalación de un nuevo tren de alta velocidad y la creencia de que el cruce entre dos locomotoras puede desprender tal energía capaz de hacer realidad los deseos, les embarcará en un viaje a espaldas de los adultos en el que vivirán una serie de aventuras a partir de las cuales terminarán por asumir las responsabilidades y las renuncias propias de la edad adulta.

    'Kiseki (Milagro)' es una película tierna y amable, en la que el director muestra su ya conocida habilidad a la hora de captar el universo infantil, aunque sea de una manera radicalmente opuesta a como lo hizo en 'Nadie sabe'. En esta ocasión lo importante es captar la espontaneidad de los rostros de los niños-actores (como curiosidad los dos protagonistas son hermanos en la vida real), e impregnar la pantalla con su frescura natural, sin conservantes ni aditivos. Su accesibilidad en el tono contrasta sin embargo con la duración de su metraje, demasiado extenso para la pequeña historia que se trae entre manos. Quizás una condensación mayor de los hilos que conforman la trama hubiera proporcionado una ligereza y una prestancia superior a la alcanzada por Kore-eda en este film irregular al que le falta ese poso de sutileza hiriente que siempre le ha caracterizado y que hasta el momento había contribuido a situarlo como uno de los grandes maestros japoneses de su generación. Por el momento, podemos considerar 'Kiseki (Milagro)', como una obra menor, siempre teniendo en cuenta el nivel superlativo del autor.

    A favor: La interacción entre los actores infantiles.

    En contra: Demasiado light para un director al que le exigimos mucho más.
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