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    En la mente del asesino
    Críticas
    2,0
    Pasable
    En la mente del asesino

    La venganza de Alex Cross

    por Quim Casas
    Encarnado en dos ocasiones anteriores por Morgan Freeman (en El coleccionista de amantes y La hora de la araña), el detective-forense-sicólogo Alex Cross adquiere ahora los rasgos menos estelares de Tyler Perry, más joven, menos baqueteado aún por las circunstancias pese a que el relato le reserva la gran tragedia de su vida.

    Precisamente lo que le falta a En la mente del asesino es eso, sentido trágico. Cross se enfrenta en esta ocasión con un asesino profesional caracterizado por su sadismo y crueldad. Ya que Cross se adentra por los vericuetos de su mente tan enferma como minuciosa, el asesino en cuestión (Matthew Fox en un registro bien distinto, pero en exceso forzado, al de su conocida interpretación en la serie televisiva Perdidos) deja un reguero de sangre que envuelve poco a poco al protagonista y le convierte en lo que nunca ha querido ser.

    Pese a que Cross es un sicólogo y el título español juega con el espacio concreto de la mente humana, aunque sea la del antagonista del relato, la película se decanta inexplicablemente –dadas las características del personaje– por el músculo, y ver a Cross empuñando una escopeta de cañones recortados, poniendo cara de personaje vengativa y liándose a puñetazos con el asesino en un edificio semiderruido y abandonado no tiene demasiada lógica a tenor de las novelas originales del personaje, firmadas por James Patterson, y de las dos películas citadas con Freeman.

    Así que En la mente del asesino toma como coartada un personaje con unas características determinadas, y bien definidas, dentro del thriller modalidad escabrosa inaugurado por Jonathan Demme, Chris Carter y David Fincher en la década de los noventa, para desviarse del camino y ejecutar otro relato de sangre y venganza, algo ya habitual –siempre lo ha sido, pero en los últimos tiempos aún más: hay están Liam Neeson y Luc Besson para confirmarlo–, en el policiaco contemporáneo. En esta ocasión, ni las atmósferas sórdidas y desagradables, aunque en menor intensidad a Seven por ejemplo, o la misma El coleccionista de amantes, redimen el conjunto de su endeblez.

    A favor: las características, que no la interpretación, del asesino profesional.

    En contra: la escasa consistencia dramática de protagonistas y antagonista.
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