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3,5
Buena
El chico del periódico

La otra cara del crimen

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En 2009 Lee Daniels estrenó 'Precious', una película con la que conseguiría un inesperado reconocimiento, dos Oscar de la Academia de Hollywood y un sinfín de premios que parecían avalar la valía artística de esta cinta que describía el descenso a los infiernos de una joven de color, con sobrepeso y que había sufrido abusos por parte de sus padres. A Daniels le gusta explotar el sufrimiento en sus ficciones, prefiere la acumulación a la sugerencia. Es un director de subrayados y de trazo grueso, sin miedo a caer en lo grotesco con tal de llevar a las últimas consecuencias su estilo más allá del naturalismo.


Había pues expectación acerca de cómo abordaría su siguiente proyecto, la adaptación de una novela del escritor norteamericano Peter Dexter, un relato de investigación, de serie negra, ambientado en la pantanosa Florida y que giraba en torno a las pesquisas de dos periodistas en busca de material para un buen artículo alrededor de la condena a muerte de un hombre encerrado por matar al sheriff del condado sin ninguna evidencia de haber cometido el asesinato.


'El chico del periódico' es pues una película configurada a modo casi de thriller criminal, de relato de búsqueda de pruebas, pero también, y eso resulta más interesante, es una película de iniciación, que se adentra en el proceso de crecimiento que sufre un joven, Jack (interpretado por Zac Efron) durante un periodo de su vida que lo marcará para siempre.


Además, el director nos invita a descubrir la culpabilidad o no de un hombre en un ambiente moral en avanzado proceso de descomposición, hasta el punto de que termina siendo más importante esto último que el mero proceso de búsqueda de pruebas para demostrar su inocencia. Porque lo que más interesa precisamente de 'El chico del periódico', es la forma tan palpable con la que el director muestra la decrepitud tanto física como ética de los personajes, de todos ellos. Por una parte, cómo filma los cuerpos, siempre sudorosos, sucios, pegajosos a consecuencia del clima abrasador de un verano tan caluroso que casi se puede sentir. Por otra, todos los personajes provocan rechazo, resulta imposible identificarse con ninguno de ellos, porque todos parecen tener en su interior algo reprobable, algún secreto sórdido que se cuela en sus miradas, en la forma en la que se relacionan entre sí, tan recelosa los unos con los otros, como si fueran animales a punto de saltarle a uno a la yugular, encerrados en sus propios abismos íntimos. Todos ocultan algo que los hace miserables. Y el director Lee Daniels, acostumbrado al exceso, como hemos comentado, eso lo logra perfilar de una manera más sutil y llena de matices de lo que parece, sobre todo si tenemos en cuenta que algunos de los personajes podrían caer en la caricatura. Sin embargo, no lo hacen, porque siempre hay algo muy oscuro en ellos que los hacen inescrutables para el espectador.


Todo ese clima casi viscoso, en el que los fluidos corporales toman una conciencia propia independiente, también resulta fundamental el uso que el director realiza de los espacios en los que tiene lugar la acción: El garaje de una casa sureña destartalado, habitaciones de motel donde pueden ocurrir cualquier tipo de perversidades, la cárcel, tugurios de mala muerte y, sobre todo, la ciénaga en la que vive el convicto y su familia, cazadores furtivos de caimanes que cohabitan con la mugre y las vísceras, y que parecen llevar incrustada la desidia, la marginalidad y la locura en sus entrañas.


Es cierto que a la película le falta garra y algo de pulso narrativo que le imprima ritmo. También es cierto que no siempre el director se muestra sutil, que vuelve a las andadas en más de una ocasión y ofrece su peor versión, en la que cae en el exhibicionismo y resulta demasiado enfático (como la terrible escena de violación a Charlotte encima de una lavadora, tan poco acertada). Pero sin embargo, la película sí contiene elementos que sin duda la convierten en perturbadora sin necesidad de resultar excesiva, como hemos comentado con anterioridad. Las vidas miserables de los protagonistas, sus forma de sobrevivir a través de la amoralidad, y sobre todo, esa mirada turbia que tienen, esa expresión de tensión en el rostro de Zac Effron (que está realmente bien, aunque pudiera parecer lo contrario), así como la tensión sexual que establece con el personaje de Charlotte, así como ese poso malsano que hay en todo (alguna vez se podría realizar un estudio de las películas ambientadas en las ciénagas de Florida y por qué resultan tan nocivas), que termina siendo realmente perturbador.


A favor: Zac Efron y Nicole Kidman, espléndidos. Cuando Daniels no enfatiza y saca a relucir las miserias de sus personajes. Y Macy Gray.

En contra: Cuando Daniels enfatiza.

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