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    Blancanieves
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Blancanieves

    Espejito y olé

    por Gonzalo de Pedro
    De forma casi simultánea, tres películas en diversas partes del mundo han realizado un gesto similar: el de mirar a los orígenes del cinematógrafo, o al menos, a tiempos pasados, para realizar homenajes cinéfilos en forma de simulacros. Que la más conocida sea 'The Artist' no significa que sea la mejor; también el portugués Miguel Gomes volvió atrás con su particular 'Tabú', un homenaje a Flaherty y Murnau con trasfondo político postcolonial que sigue sin estrenarse en nuestro país, de forma inexplicable, pese a que es, indudablemente, una de las grandes obras del cine reciente. Y ahora llega el turno de Pablo Berger, que con su 'Blancanieves' continúa la senda iniciada con su primera película, 'Torremolinos 73' (otro claro homenaje al cine, y a una particular relación con las imágenes), y entrega una película que revisita las formas del cine clásico europeo, sin el ánimo casi necrófilo, y algo impostado, de 'The Artist', sino buscando más bien un diálogo con la tradición desde la mirada contemporánea. Al contrario que 'The Artist', y al igual que Tabú, la de Miguel Gomes, 'Blancanieves' no pretende hacerse pasar por una película antigua, sino que se nutre de formas muy variadas, desde Jean Vigo hasta Abel Gance, pasando por, entre otros, Ingmar Bergman, para construir una versión contemporánea de un cuento tan popular como ‘Blancanieves'.

    Sin embargo, decir que Berger ha filmado en blanco y negro, y sin diálogos, una versión de 'Blancanieves' ambientada en la España de los años 20 es quedarse en la superficie de una película que, como poco, propone una revisión del imaginario clásico de la "españolada", entendido, no en su versión de los últimos años del Franquismo (suecas, destape y sangría), sino como ese subgénero que aspira a representar España como una hipérbole de ciertas características folclóricas andaluzas y de algunos valores socio-culturales representados por las figuras del torero, la bailaora y todo aquello que les rodea. De forma inteligente, Berger se nutre de todo ese espectáculo folclórico, de todos esos tópicos consolidados a lo largo del tiempo, tomándolo como lo que es: una fachada, un decorado, en el que ambientar su cuento de traiciones y envidias, que toma el esqueleto de 'Blancanieves'. Porque la película de Berger no es exactamente una versión de 'Blancanieves', como tampoco es solo un homenaje al cine clásico europeo, ni solamente una relectura en clave gozosa de los años veinte en España, y lo que de ellos nos ha llegado, sino la suma de todo eso, y además, un ajustado retrato de la sociedad del espectáculo, que convierte el dolor en negocio.

    Lo mejor: El espectáculo visual, gozoso y deslumbrante, acompañado de un montaje excepcional.

    Lo peor: Que pueda entenderse como una apología de la españolada, cuando es una relectura irónica y libre.
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