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    Foxcatcher
    Críticas
    3,5
    Buena
    Foxcatcher

    El don de la mímesis

    por Violeta Kovacsics
    El gusto por el deporte y por todo aquello que lo rodea está en lo más profundo del ser americano. De ahí que las dos últimas películas del director Bennett Miller, Moneyball y Foxcatcher, partan de sendos relatos deportivos para terminar erigiéndose en retratos de lo americano. Si en Moneyball el mundo del béisbol se trasladaba a los despachos para dibujar a partir de la verborrea otra versión del tan adorado –para los americanos– éxito; en Foxcatcher, la lucha olímpica sirve para ahondar en las relaciones familiares y en las inseguridades de aquellos que gozan del triunfo.


    Foxcatcher - Cartel Como Moneyball, Foxcatcher se basa en hechos reales; en este caso, en la historia de los luchadores Mark y Dave Schultz y su extraña relación con el magnate John Du Pont, que les ofreció su mecenazgo con tal de aumentar así su ego, desafiar a su madre y buscar el afecto familiar del que nunca gozó. Para aquellos que desconozcan los hechos o al personaje, se recomienda alejarse de Google, pues por mucho que me oponga a las trágicas consecuencias del temor al spoiler, vale la pena acercarse al relato sin apenas saber nada.

    Miller consigue partir del relato deportivo para retratar la inestabilidad de sus dos personajes principales, el excéntrico Du Pont y el inseguro Dave Schultz. En el fondo, los dos buscan el amor, el respeto y el cariño. A partir de tonos suaves y de silencios, Foxcatcher logra erigirse en una película eminentemente oscura, aparentemente inofensiva pero terriblemente perturbadora. Al final, el filme no deja de dibujar un perverso entramado de relaciones: entre dos hermanos que se quieren pero que se distancian, separados por un hombre extraño e inestable.

    “¿Qué es lo que sacará el señor Du Pont de todo esto?”, le pregunta Mark a su hermano Dave después de que este le cuente que el magnate le ha ofrecido patrocinar sus sesiones de lucha. “América”, responde Dave sin dudarlo. Unos instantes antes, el más inseguro de los hermanos Schultz ha proclamado un discurso patriótico, emulando las maneras de su nuevo mentor, el opaco John Du Pont. El sueño americano resulta así terriblemente apesadumbrado, a ratos patético. Se compone a partir de una puesta en escena que permite que los actores disfruten de la mímesis –respecto a aquellas personas en las que se basan sus papeles–. El gesto desprendido de Mark Ruffalo, la presencia callada de Channing Tatum y la transformación, maquillaje y dramatismo mediante, de Steve Carell hacen el resto.

    A favor: La capacidad de Miller de hacer películas aparentemente simples pero de fondo complejo.

    En contra: Su excesivo gusto por imágenes preciosistas.
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