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Menú degustación
Críticas
2,0
Pasable
Menú degustación

Mediterráneamente

por

Transparente y esquemática, 'Menú degustación' es una de esas películas que optan por no esconder sus cartas. Desde sus estilosos títulos de crédito iniciales —construidos a partir de un entrecortado montaje que presenta a los numerosos actores de la función—, la película se presenta como un espumoso relato coral lleno de criaturas variopintas y arquetípicas. El juego está servido pocos minutos después del arranque: como en una versión inofensiva y chic de 'El ángel exterminador', el cuantioso grupo de protagonistas dirimirá sus conflictos y traumas personales en el "reducido" espacio del restaurante Chakula, un "3 estrellas Michelin" que ha decidido plegar velas en su momento más álgido. Sí, el guiño a El bulli resulta evidente, aunque el verdadero protagonista culinario de la función es El Celler de Can Roca, cuyo equipo figura como asesor gastronómico de la película, con los hermanos Josep y Joan Roca dejándose ver en sendos cameos.

Pero lo dicho, en este pequeño micromundo de intereses cruzados y enigmas imposibles —¿alguien se puede cree que, en su gran clausura, un restaurante "top" vaya a recibir a comensales desconocidos?— lo que impera es el juego con los arquetipos: la anciana excéntrica (Fionnula Flanagan), la joven pasada de vueltas (Marta Torné), el japonés estirado (Togo Igawa), el yanqui arrogante (Timothy Gibbs), el catalán trabajador (Jan Cornet)… Un cóctel intercultural que se prestará a un juego de enredos que nunca terminará de encontrar el buen ritmo. Durante el segundo acto, hay un par de momentos en los que parece que el relato vaya a tomar vuelo (gracias, sobre todo, al personaje de Torné), sin embargo, en lugar de confluir y sumar, las diferentes subtramas terminan dispersando demasiado la narración. Por no hablar de la debilidad de la trama romántica central. Mientras los personajes de Cornet y Claudia Bassols ponen en escena la agonía de un matrimonio, uno no deja de preguntarse qué estarán haciendo los demás y porque el director no les estará dedicando más tiempo.

Tras brillar con aquel ejercicio de aritmética fílmica llamado 'Smoking Room' y caer en la ortodoxia del drama intergeneracional con 'Remake', Roger Gual opta en 'Menú degustación' por ponerse la bata de buen artesano y confeccionar una comedia simpática sin mayores pretensiones, un pequeño divertimento con gancho comercial: esa excusa gastronómica que, en el fondo, no tiene demasiada relevancia en el relato —digamos que la misma película podría desarrollarse en la inauguración de un museo, en una recepción oficial o en cualquier otro evento social con clase—. A la postre, la película, de nuevo de forma bien explícita, termina echando mano de un halo mediterráneo con mucho déjà vu. Es el mismo que contaminaba de sol, alegría y frivolidad las imágenes de 'Mamma Mia!' o también el que cada año exprime a fondo, para su campaña comercial, una conocida marca catalana de cerveza. En cualquiera de los dos casos, más que de un genuino sello cultural, estaríamos hablamos de un concepto prefabricado con más estilo que espíritu.


A favor: Los enredos entre mesas en el segundo acto de la película.

En contra: La subtrama romántica.

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