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    La gran familia española
    Críticas
    2,0
    Pasable
    La gran familia española

    Cinco Converse para cinco hermanos

    por Covadonga G. Lahera

    Han pasado siete años desde que Daniel Sánchez Arévalo, que comenzó su andadura como guionista de Farmacia de guardia a mediados de los noventa, debutara en la dirección de largometrajes con la prometedora Azuloscurocasinegro (2006). Atrás quedaban celebrados cortometrajes como Exprés y Física II (en gran medida, base para su ópera prima), buenas muestras de concisión y agudeza narrativa que situaban las relaciones familiares y las tensiones derivadas de estas en el punto de mira. A tales materias vuelve en su cuarta película, La gran familia española, donde las aspiraciones de Arévalo se multiplican: otorga el protagonismo a los cinco hermanos de una familia numerosa más el páter familias y prueba un altisonante conglomerado de géneros (western, musical, suspense…) convocados siempre dentro de una predominante comedia excesiva. Su último largometraje es un particular pero poco estimulante retrato de la familia española contemporánea, bastante complaciente y artificial en el fondo, pese a su desquiciada foto de grupo.

     

     

    Como ya sucediera en Primos (2011), el punto de partida es una boda, la del benjamín de la familia en este caso, que casualmente coincide en el tiempo con un partido de fútbol del Mundial de Sudáfrica entre las selecciones de España y Países Bajos. Arévalo convoca más elementos aún dentro de un guión saturado: quiere, de paso, rendirle homenaje a Siete novias para siete hermanos (1954), firmando una personal versión del clásico de Stanley Donen del que incluye metraje original (incluso su película acaba con el the end de la de Donen) en una improbable coexistencia con otras imágenes de archivo, las de la retransmisión televisiva del encuentro futbolístico mencionado, que le sirve para organizar el tiempo de la ficción. Mientras la selección juega, unos cuantos enredos amorosos y subtramas familiares se sucederán hasta sobrecargar y liar con poco éxito y credibilidad la madeja. Flaco favor le hace a esta comedia bastante pasada de vueltas (pero sin demasiada miga interior) la irrupción de varias secuencias que simulan la estética del videoclip o del spot publicitario (por ejemplo, el paseíllo con el que arranca la ceremonia, la celebración del gol…). La gran familia española bascula entre el tópico, la saturación y la sensiblería y su falta de mala baba real y/o de discurso crítico agudo la sitúan en un terreno poco revelador acerca de nuestra supuesta idiosincrasia nacional.

     

     

    A favor: Héctor Colomé y algún momento cómico con Antonio de la Torre.

     

     

    En contra: Demasiados chistes, demasiados planos, demasiadas subtramas, personajes e interpretaciones pasadas de rosca… y la construcción de los personajes femeninos resulta demasiado esquemática.

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