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    La Venus de las pieles
    Nota media
    3,1
    33 notas incluyendo 10 críticas
    distribución de 10 críticas por nota
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    10 críticas de usuarios

    Gerardo M.
    Gerardo M.

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    5,0
    Publicada el 14 de abril de 2014
    El autor y su musa venusiana El escritor de origen austriaco Leopold von Sacher-Masoch tuvo el dudoso honor de acuñar el término masoquismo, a nivel etimológico y conceptual, y en un golpe de ingenio del psiquiatra alemán experto en perversiones Richard von Krafft-Ebing. El dramaturgo David Ives, valiéndose de una de sus obras más reconocidas, “La Venus de las pieles”, tremendamente polémica y fácilmente catalogable de denigrante y machista, escribió en 2011 una obra de teatro homónima que reconvertía la original en una mordaz sátira sobre el dimorfismo que desdibujaba hasta el paroxismo la línea que separa la realidad de la ficción. No podía haber un cineasta más idóneo que Roman Polanski para dirigir la adaptación al cine de la obra de Ives. Polanski es el cineasta de la reclusión física -“La muerte y la doncella” y “Carnage”, dos filmes basados también en sendas obras teatrales, - y mental “Repulsion” o “El quimérico inquilino”-, disfruta encerrando a sus personajes en espacios claustrofóbicos que en sí mismos actúan como sus jueces y verdugos. Y también un director tan sórdido –“Lunas de hiel” es un perfecto ejemplo de ello”- que el libreto de Ives encaja con su personalidad cinematográfica como anillo al dedo. Sólo dos personajes. Un único escenario, concretamente teatral. Una película en la que una obra adapta una novela. Un juego psicosexual de perversión y sumisión. No puede haber nada más polanskiano. “La Venus de las pieles” es una perturbadora y perversa comedia negra que remite a la esencia, también la banda sonora de Alexandre Desplat, de “La Huella” de Mankiewicz, pero con el carácter obsesivo y tono de Polanski. Realidad y ficción se entremezclan a tal nivel que los personajes interpretados por los soberbios Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner funcionan como reflejos de los mismos roles de cuya novela tratan de adaptar. Estos, simultáneamente, hacen las veces de trasuntos de una realidad en la que Amalric habla y se peina como el Polanski de sus comienzos y Seigner sería su musa y esposa, en un juego meta-referencial –y autorreferencial, que hay mucho de la cinematografía del cineasta en ella- que no conoce límites, y en el que el realizador sirve la relación de dominación y poder que puede existir entre director y actriz como telón de fondo. Polanski consigue sostener durante hora y media de metraje una historia con dos actores y un solo escenario tirando de ingenio en el agudo guión, escrito a cuatro manos con el propio Ives, y de elegancia y agilidad en la puesta en escena. Un trabajo que, desgraciadamente, ha trascendido más bien poco por su apariencia de película menor en su filmografía, cuando realmente estamos ante una de sus pequeñas obras maestras. Y una provocación que, en su excéntrico y extravagante acto final, nos invita a seguir los pasos de esa enviada venusiana y a abandonar el teatro por donde mismo irrumpimos, dando la última estocada a la dominación y reduciendo al dios de los escenarios a un mero juguete que ya no tiene ni siquiera la capacidad de decisión acerca de dónde colocar la cita sexista que daba comienzo a su obra. Magistral. A favor: prácticamente todo, desde sus actores hasta el juego meta-referencial que propone En contra: que se la considere una obra menor
    Lourdes L.
    Lourdes L.

    Sigue sus publicaciones 67980 usuarios Lee sus 920 críticas

    3,0
    Publicada el 2 de abril de 2014
    Dos personajes, un escenario y un texto impactante y cautivador, sencillo no? Pues pocos directores saben sacarle todo el jugo posible a esta perfecta combinación, explotar al máximo de sus posibilidades un texto inteligente y sabiamente adaptado a una obra del mismo nivel; entre ellos, por supuesto, nuestro extravagante e inconformista Roman Polanski, experto en extremismo y agresividad verbal, en provocar y aturdir por igual. Si a esto le añadimos una soberbia y potente representación de los actores protagonistas nos encontramos ante un irremediable hechizo, una encantadora ensoñación que te absorbe, penetra sin permiso ni control despertando una sana curiosidad por saber más de esta particular obra que ha logrado eclipsar todo tu interés; sentir la misma pasión que los protagonistas al actuar, el mismo amor y devoción que el director al realizar su obra es una exquisitez, un lujo que se da en pocas ocasiones. El recital poético, la mezcla verbal ambivalente, la confusa y desesperante reflexión oral, el seductor juego de dominar y ser dominado, la exquisitez de una sencilla puesta en escena, el atractivo de un contexto sin adornos que no oculta nada y lo expone todo..., lo que empieza siendo un "escapa y corre" se convierte en un explosivo recital que enamora y encandila conforme va creciendo su intensidad hasta alcanzar una sublime confusión aterradora que fascina y aturde por igual. La grandeza del teatro llevada a la gran pantalla, la implacable dureza de no poder ocultarse tras envoltorios de adorno, exponerse sin remedio a un juicio interpretativo, duelo artístico y semántico lleno de fuerza, carisma y poder, una mezcla de sabores que abrirán tu apetito y saciarán por completo tu hambruna más prolongada; todo ello matizando, para torpes confusos que entren a la sala a ver qué tal?, que no es película que enamore a todos los corazones pues esta persuasiva, dominante y sometida diosa del amor elige cuidadosamente a sus víctimas, lacayos esclavos sometidos a su elegante voz; dicho honor no está reservado para quién lo desee, debe ser ella quién elija hechizarte pues no hay forma de fingir lo que no se siente, y si la hay deberías abandonarla presto y lo antes posible. Imposible pasar por las manos de Roman Polanski y salir indiferente; imposible anticipar el efecto que te cause.
    Calojo C.
    Calojo C.

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    0,5
    Publicada el 27 de enero de 2015
    Es la mierda mas grande que e visto en toda mi vida, la película entera 1 hora y media dos gente en un teatro hablando Miiiiierda
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