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    2 otoños, 3 inviernos
    Críticas
    3,5
    Buena
    2 otoños, 3 inviernos

    Cuentos de dos estaciones

    por Daniel de Partearroyo

    "Amélie es guapísima en contrapicado". A veces es posible sintetizar todo el sentido de una película a partir de un diálogo o, incluso, una frase. Por ejemplo, ésa procedente de 2 otoños, 3 inviernos brinda una gran cantidad de información sobre el largometraje de Sébastien Betbeder —el primero que realmente supera los 60 minutos de duración, pero ni por asomo ópera prima en alguien con una generosa decena de trabajos, entre cortos y mediometrajes, a las espaldas—. Hay un nombre de mujer, una mirada que enuncia un juicio superlativo, puede que enamorado, y una reflexión consciente del punto de vista donde se usa terminología cinematográfica. Todos ellos son elementos fundamentales de una película cinéfila, íntima y a vueltas con el amor. Hasta podríamos decir que el nombre escogido no es en absoluto casual, sobre todo porque durante su filme Betbeder proclama identificarse más con el cine de Eugène Green, aunque apenas lo roce más allá de ciertos parlamentos a cámara, que con el ejemplificado por el Jean-Pierre Jeunet de Amélie. Como remate de la jugada, la escena en la que se pronuncia dicha frase —para más señas, en off— ocurre dentro de una ambulancia, con su autor tumbado en una camilla tras haber sido apuñalado.

    Él es Vincent Macaigne —presencia recurrente en el cine francés más reciente de autores novísimos como Justine Triet (La bataille de Solférino, 2013) y Antonin Peretjatko (La chica del 14 de julio, 2013), pero también de la ya consagrada Mia Hansen-Løve (Eden, 2014) o el maestro Philippe Garrel (Un verano ardiente, 2011)— encarnando a Arman, uno de los protagonistas de esta colección de estampas cotidianas que retratan la vida parisina de un grupo de casi treintañeros durante los meses fríos de 2009 a 2012. Los otros personajes principales son su mejor amigo Benjamin (Bastien Bouillon) y la citada Amélie (Maud Wyler), una chica con la que Arman mantendrá la relación romántica que sirve de armazón a la película. Una historia de amor en la gran ciudad con la crisis de identidad de la edad adulta de fondo, contada por Betbeder en varios capítulos mientras se filtra alegre por docenas de recovecos anecdóticos y deliciosas digresiones que no tienen ningún miedo a los apuntes dramáticos o de humor negro.

    Puede que lo más curioso del tono de 2 otoños, 3 inviernos, despreocupado incluso cuando afecta la voz intentando ponerse solemne, sea presentar una película empapada de referencias cinéfilas que nunca llegan a pecar de instrumentales. Es gracias a la desarmante sinceridad con las que las presenta el director, muchas veces haciendo que los propios personajes nombren a directores como Alain Tanner o vean series como Breaking Bad, un recurso que los humaniza tanto como la forma de filmarlos en bares, calles y habitaciones de hospital con total naturalidad. Esa cercanía, junto a la construcción confesional de los encuentros y desencuentros entre personajes de ficción vestidos con experiencias de la realidad son los puntos fuertes de un filme que señala un director a seguir.

    A favor: La música de Bertrand Betsch, una delicia.

    En contra: La estructura episódica, que casi roza la división atómica, puede llegar a saturar.

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