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Loreak (Flores)
Críticas
4,0
Muy buena
Loreak (Flores)

Mucho más que flores

por
Estancias silenciosas, luces mortecinas, lluvia, quietud. Ese es el universo de Loreak, el del tiempo suspendido y la sensación de hermetismo, de cerrazón, de soledad. Jon Garaño y Jose Mari Goenaga han concedido una importancia crucial a los escenarios y a las pulsiones ambientales, pero sobre todo para que se convirtieran en un estado de ánimo, el de los protagonistas.


Loreak - CartelHay dos mujeres. Una se llama Ane (Nagore Aramburu). Le acaban de diagnosticar una menopausia precoz, y se encuentra algo perdida, sobre todo porque la relación con su pareja ha dejado de funcionar y se encuentra lastrada por la incomunicación. Un día, recibirá un ramo de flores de parte de un remitente desconocido. Y a la semana siguiente, otro, y así sucesivamente. El entorno hostil de Ane cambiará de repente y esas flores le insuflarán ilusión y un poco de confianza en sí misma.

La otra se llama Tere. Tiene una vida familiar rutinaria y su gesto en general ante todo es agrio, nunca parece encontrarse cómoda. Hasta que sobreviene una tragedia y se tiene que enfrentar a la soledad. Los caminos de ambas mujeres se cruzarán de nuevo a través de las flores. Ane llevará flores cada mes al lugar del siniestro donde perdió la vida el marido de Tere, y ésta tendrá que investigar las razones que tiene una desconocida para haber establecido esta especie de ritual tan especial.

Ambas mujeres, en algún momento de la película, iniciarán un camino de búsqueda. El motor de sacarlas de su abatimiento personal serán las flores, convirtiéndose en una excusa para salir del estancamiento.
Los directores componen una narración delicada y llena de bifurcaciones entre ambas historias, de modo que poco a poco se van complementando de una manera armoniosa y sutil. En Loreak hay ecos del cine social, sobre todo gracias a la descripción de las rutinas de Ane y Tere, y la manera en las que ellas se insertan dentro de su medio laboral (una trabaja en una obra y otra en una estación de peaje), convirtiéndose este espacio en fundamental a la hora de establecer sus particulares estados de ánimo. Por otra parte el melodrama siempre se encuentra presente en el tejido de fondo de la película, pero resulta interesante la manera en la que el relato muta en un momento dado hacia el cine de intriga e investigación, de una manera casi imperceptible y que lo dota de connotaciones de misterio, de tensión subrepticia.

Loreak habla sobre la pérdida, sobre la soledad y el vacío. Sobre la incomunicación. Todo ello imbricado en la narración de forma bella y sutil, pausada y con una importancia crucial de la atmósfera que envuelve a las protagonistas.

La película pasará a la historia por convertirse en la primera hablada en euskera en participar en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián. Y su espíritu es tan humilde y sencillo, que precisamente por esa razón se convierte en una obra mayor dentro de nuestro cine. Esas películas pequeñas que terminan convirtiéndose en grandes.

A favor: La atmósfera mortecina que domina el relato y la forma en la que se tejen los hilos de ambas historias.

En contra: Que su carácter humilde haga que pase desapercibida por la cartelera.
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