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    A Esmorga
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    A Esmorga

    Una parranda envuelta en alcohol

    por Carlos Reviriego

    Crónica de borrachera, locura y camaradería en tiempos de hambre y represión, que parece sustituir el Dublín del Ulises de Joyce por el escenario ficticio de Auria –traslación literaria de Ourense en la obra del escritor gallego Eduardo Blanco Amor–, A Esmorga es, como dice su director, un “espacio común” para los gallegos. Ya Gonzalo Suárez llevó a la pantalla esta novela, verdadero punto de giro en la literatura gallega, en pleno amanecer de la Transición, si bien La parranda (1976) permanece hoy como un filme fuertemente vinculado a su tiempo, como metáfora de un país fracturado, violento y amedrentado. Esta nueva adaptación de Ignacio Vilar no solo exhibe una mayor proyección cinematográfica, sino que al mismo tiempo no oculta su fidelidad y adoración por la novela. De esta síntesis equilibrada entre el texto y la imagen, lo que se invoca y se evoca, es probablemente de donde surge gran parte del magnetismo del filme.

    Los protagonistas son tres, que avanzan en una carrera contra el tiempo hacia su perdición y condena. La “parranda” de 24 horas arranca justo después de que se haya producido el suceso criminal sobre cuyo fuera de campo gravita el filme. Bajo la ingesta masiva de alcohol, los tres compañeros – Miguel de Lira, Karra Elejalde y Antonio Durán ‘Morris’, todos soberbios– van minando el relato de digresiones y estallidos de euforia, en un periplo de andanzas y agresiones extraordinario físico, bajo la luz gris de Ourense y empleando los espacios geográficos y entornos físicos por los que transitan los protagonistas como vectores psicológicos y atmosféricos de la historia. Allí donde Suárez ilustraba la novela, Villar se empeña por convertir la parranda en una verdadera experiencia, envuelta en las brumas del alcohol, combinando el primitivismo con la fantasía, la contemplación con la implicación. Un logro mayor, inesperado.

     

    A favor: La novela de Eduardo Blanco Amor por fin encuentra en el espejo del cine una obra a su altura, que la hace justicia.

    En contra: Algunos insertos musicales, que se antojan innecesarios.

     

     

     

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