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La autopsia de Jane Doe
Críticas
4,0
Muy buena
La autopsia de Jane Doe

Aquí huele a muerta

por
Las historias de terror clásicas nunca pasan de moda. Pero parece que el cine actual se ha olvidado de ellas. Esas películas de sustos que funcionaban como un tiro, narrativa y visualmente sólidas, cuya única pretensión era la de hacernos pasar un mal buen rato. Pequeños clásicos que echaban mano de una bendita economía narrativa; con ochenta minutos tenían suficiente para dejarnos clavados en la butaca. Cintas que se miraban en el espejo de viejos relatos de miedo o en las historietas de cómic que en los cincuenta popularizaron el género entre, ojo, niños que apenas habían entrado en la adolescencia sin que los padres se quejarán por ello -¡qué tiempos!-. En la actualidad, ese terror añejo, apenas representado por los títulos de James Wan y algunos francotiradores independientes, debería y podría convivir con propuestas más modernas, que las hay y muy interesantes. Ahora bien, como ese horror vintage escasea, cuando surge un filme que recupera con acierto esos aires clásicos y además lo hace de forma fresca, se produce una epifanía en el género que le otorga un valor especial. Ese es el caso de La autopsia de Jane Doe, el nuevo esfuerzo de André Øvredal tras el fantástico found footage que fue y sigue siendo Trollhunter.

La autopsia de Jane Doe - Cartel
Ganadora del Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Sitges (mereció llevarse un premio más gordo), lo nuevo de Øvredal supone un giro casi de 360 grados para el director noruego. Trollhunter era una película de fantasía rodada en exteriores con un reparto coral que se valía del sentido de la maravilla para cautivar al espectador –si aún no la han visto, recupérenla con urgencia-. Mientras que La autopsia de Jane Doe es terror de cámara con tan solo una localización y apenas tres actores, que bebe directamente de EC Comics (el guion de Ian B. Goldberg y Richard Naing es deudor de las historias de la cripta de William Gaines). Este cambio de estilo revela el carácter versátil de Øvredal, que aquí vuelve a demostrar su talento purasangre como narrador de historias en un registro completamente diferente. Y es que La autopsia de Jane Doe es una clase maestra de puesta escena aplicada al cine de género. El dominio del tempo de la acción, la utilización del espacio –esa morgue subterránea que parece un túnel del terror-, y la dosificación del suspense es una delicia digna de los mejores episodios de Alfred Hitchcock Presenta. Y cuando después de la primera mitad, estallan el horror y la verbena de sustos, se convierte en una sesión palomitera de grand guignol bien ejecutada con un arrebatador regusto ochentas nada rancio.

Un consejo para que la experiencia de La autopsia de Jane Doe sea completa. No vean el tráiler, ni lean la sinopsis – en este crítica que hemos obviado el argumento y los spoilers-. Si llegan vírgenes al cine, el efecto sorpresa y el disfrute serán orgiásticos.

A favor: el partido que logra sacar de una sola localización y tres actores.

En contra: que André Øvredal haya tardado seis años en dirigir una nueva película.


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