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    O los tres o ninguno
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    O los tres o ninguno

    Historia de lo nuestro

    por Marcos Gandía
    Largometraje autobiográfico (antes de los títulos de crédito finales nos muestran los verdaderos rostros de todos los integrantes y participantes de esta odisea familiar), O los tres o ninguno transita, como sus personajes desde la Irán de finales de los años 70 al París de hace cuatro días, por los más diversos géneros. Lógico: la vida es una sucesión de risas y lágrimas, y este es un film que es un pedazo de la vida de la familia del guionista, director y actor principal (encarnando a su padre).

    O los tres o ninguno - Cartel
    Prima ese tono ligero, incluso cuando la tortura, el terrorismo y la muerte hacen acto de presencia en la trama. Dividida en tres partes bien diferenciadas, la película comienza en un Irán pre Jomeini donde se suceden una serie de chistes carcelarios y gags recurrentes (el amigo cleptómano especializado en ropa) siempre atentos a suavizar las palizas de guardianes o la descripción simplista de la historia del país. Es un segmento, que sigue con la salida del encierro y lo de la lucha clandestina, que recuerda mucho al Roberto Benigni director/actor cinematográfico, menos baboso y autocomplaciente que en el caso del responsable de La vida es bella. La parte central del film es la de la huida y el registro genérico cambia hacia el cine de fugas, concretamente al de las fugas desde la Alemania Oriental a la Occidental. Sigue utilizando el director y protagonista el referente italiano: esa pareja con niño yendo a la aventura se diría salida de alguna comedia de Mario Monicelli o Alberto Sordi (la vomitona del bebé es un instante de pura comedia mediterránea, sin duda). El tercer tramo de estas amables memorias familiares, y declaración de amor de un hijo hacia sus padres (y abuelos), es la que ya sucede en Francia y aquí el modelo es francés, es el de Laurent Cantet o el Bertrand Tavernier de Hoy empieza todo, una crónica social voluntariosa y optimista sobre emigrantes, barrios conflictivos y esa épica de buen rollo banlieu que hemos visto muy a menudo en la producción de nuestro país vecino (La profesora de historia, por ejemplo). Quizás sean demasiadas referencias y estilos para una sola película, y es cierto que no siempre acaba de funcionar todo (esa parte final no es demasiado memorable, la verdad), pero hay algo que redime al film de sus puntos débiles: su sinceridad y su demostración de cariño.


    A favor: ese humor berlanguiano en la prisión de Teherán.

    En contra: la parte que sucede en Francia.
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