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    La fiesta de despedida
    Críticas
    2,5
    Regular
    La fiesta de despedida

    Comedia gris

    por Xavi Sánchez Pons

    La comedia negra es un género que ha dado grandes títulos a la historia del cine. Y en España de eso sabemos un poco. Solo hace falta echar un ojo a nuestro Rafael Azcona y sus guiones para Luis García Berlanga y Marco Ferreri, cumbres de la risa nerviosa como El cochecito y El verdugo, entre otras obras maestras. Reírse de lo que se supone que no es gracioso es un arte, y Azcona lo hacía como nadie, con un lápiz afilado y profundo, sin trivializar la materia de la risa, ya sea una ejecución, o un viejo inválido. La israelita La fiesta de despedida pretende jugar en esa liga, trata el tema de la eutanasia de forma atrevida, hasta divertida, pero se queda a medio camino al bajar las dosis de vitriolo y subir la emoción facilona. Vamos, es más una feel good movie que una comedia negra sobre el absurdo de la vida.

     

    Vaya por delante que el filme de Sharon Maymon y Tal Granit, Espiga de Oro de la 59ª Semana Internacional de Cine (Seminci) de Valladolid, donde también se llevaron premio dos de sus actores, Levana Finkelshtein y Aliza Rozen, tiene una factura sobria y grandes interpretaciones (todos los abueletes de la película lo bordan), pero le pierden esas ganas de hacer sentir bien al espectador a pesar del doloroso tema que trata. Queriendo o sin querer se queda en la superficie de un asunto espinoso, el de la muerte digna, y adopta de forma paradójica un tono amable en su condición de artefacto negro. De hecho no se atreve a ir a más en ese sentido, prefiere bajar el pie del acelerador en materia de risas gélidas y misantropía. La fiesta despedida es también un cuento moral, pero algo manido, el que protagoniza el personaje interpretado por el cómico israelí Ze'ev Revach, uno de los primeros que deciden ayudar a morir a los ancianos que se lo piden, pero al que le asaltan las dudas cuando es su mujer la que solicita ayuda para morir dignamente.

    Aunque no lo parezca a primera vista, La fiesta de despedida no está muy lejos en intenciones de productos cuestionables como la hollywoodiense Ahora o Nunca, película en la que dos enfermos terminales, interpretados por Jack Nicholson y Morgan Freeman, deciden vivir sus últimos días de vida a lo grande en un carpe diem facilón y sensiblero. Y es que solo imaginar lo que hubieran hecho Azcona y Berlanga con la premisa del filme de Sharon Maymon y Tal Granit, abuelos practicando la eutanasia libremente en una residencia (uno de ellos sería el gran Pepe Isbert sin duda), es razón suficiente para afirmar que los directores israelitas han perdido una oportunidad de oro para armar una comedia negra de ley.

     

    A favor: todos sus actores 

    En contra: se queda a medio camino de muchas cosas

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