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Adultos a la fuerza
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Lourdes L.
Lourdes L.

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2,0
Publicada el 4/10/15
“Yo soy feliz, ¿eres tú feliz?”, respuesta también afirmativa que se une al tándem sólo que, ninguno de los dos parece sincero, una estancada relación de consanguinidad, hace tiempo dejada, que necesita coger forma, volver a ponerse en marcha, actualizarse urgentemente pues ambos necesitan a alguien que les haga compañía, que les haga sentirse mejor, con eso cuentan, eso esperan y ¡para qué sirve un hermano si no es para esos momentos en que todo se derrumba y nada parece tener lógica ni freno! Bien confeccionada, mejor retratada, no sobresale pero acierta en todo lo que expone, entereza de un argumento que muestra la recomposición de una relación familiar, un encuentro breve, forzado por las circunstancias que se alarga en el tiempo permitiendo la recuperación de esos sentimientos olvidados por la rutina, las prisas y la impuesta obligación que parece no tener fronteras ni límites. Sacar una sensación fructífera de algo imprevisto y no deseado, emotividad de vuelta por los buenos tiempos y los muchos que quedan por delante, la estructura familiar y su firmeza como pilar de avanzadilla de un guión que se mueve a ritmo adecuado, sin fatigar pero tampoco excediendo en entusiasmo, pequeña porción de unas vidas que se necesitan y que se hallan un tanto perdidas en cuando a la cuestión de la felicidad y la consecución de su dicha. Porque en torno a ello gira todo el entramado, ese bienestar, comodidad y confianza que otorga quien te conoce de toda la vida, y no únicamente porque se comparta apellidos y sangre, sino porque a padecido, disfrutado y esquivado las mismas desgracias, alegrías y golpes, porque perdona y es perdonado, porque aunque lo matarías, también le darías un abrazo, porque cuando le miras ves reflejada algo de ti y reconoces, al tiempo, lo mucho que él te ha influenciado, porque no sabe nadar pero salta a una piscina para que tu hijo aprenda a hacerlo, porque es importante, único y especial, porque es tu hermano y ¡es lo que hay! Es suave en su alcance, lo expresa todo como debe sin acometer incisión profunda que se recuerde con vehemencia, atractiva y simpática tampoco llega muy lejos en sus emociones, lo mínimo para dejar claro el planteamiento y camino pero sin penetrar en la dureza, amargor y decepción de lo presentado, prefiere la vía grata de la calidez y bonanza, leve toque de desilusión y reprimenda que no da para una tragedia homérica o para un gran acto shakespeariano pero, cubre las demandas y necesidades del momento, amenos y bienavenidos sus protagonistas, conjunción agradable y duración acorde pra la soltura de lo que quiere contar. Es un drama que no pretende dramatizar en demasía, que opta por la facilidad del perdón y que nunca se pierda la sintonía del grupo, abre frentes pero luego dispara bolas de fogeo, puede que porque Ross Katz se quedará sin material que expresar o porque nunca fue su pretensión ir más lejos. Fina y leve muestra de principiantes de adultos que, a la fuerza deben correr y darse prisa, pues la edad no perdona, el tiempo no espera y hay que estar aquí y ahora valorando lo que se tiene, apreciando lo que se ha recuperado; no es especial, no es inolvidable pero gusta y es entrañable, de sereno interior, su sustancia no rompe corazones ni hace temblar al alma, no pretende impresionar, no aspira a cautivar, únicamente a narrar. Nacimos del mismo vientre, crecimos en el mismo lugar, sufrimos las mismas pérdidas pero desde otro lugar, eres y serás parte de mi aunque no se pueda explicar..., mi hermano. Válida para ocasional recreo.
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