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1,5
Mala
Colonia

Fallido thriller político/melodramático

por

En sus dos anteriores largometrajes, Sombras del tiempo y John Rabe, Florian Gallenberger ya mostró grandes carencias a la hora de abordar un relato en un marco histórico particular, algo que aparece, más si cabe, en su siguiente obra, Colonia, quizá porque, por ejemplo, John Rabe, aunque partiendo también de hechos reales, mostraba un contexto mucho más amplio en el que, si bien se perdía, conseguía centrar más la mirada, algo que no sucede en Colonia. Porque Gallenberger pertenece a ese tipo de directores que se acomodan al tema tratado, a la denuncia en el caso que nos ocupa, y descuidan totalmente la forma visual.

En Colonia, el cineasta alemán construye un relato que bascula entre dos géneros. Por un lado, el melodrama épico sobre un romance más allá de la adversidad: Lena (Emma Watson) es una azafata que mantuvo una relación con Daniel (Daniel Brühl), a quien encuentra en Santiago de Chile los días previos al golpe militar de Pinochet. Detenidos, Daniel será trasladado a ‘Colonia Dignidad’, una comunidad religiosa en Chile dirigida por Paul Shäfer (Michael Nyqvis). Lena ingresará en ella con el fin de localizarle. Por otro lado, acude también al thriller para ir articulando el desarrollo de la trama, dividida entre el devenir de Daniel y de Lena por separado hasta su convergencia final y el cierre de la película, en la que cierta tensión de intriga rompe el tono de la película para crear un cierto ritmo inquietante, lo cual es de agradecer, aunque no sea suficiente para salvar todo el metraje anterior.

Colonia - Cartel


Pero Colonia no funciona ni como melodrama ni como thriller, ni como prácticamente nada. Ambos géneros carecen de una conexión interna que articule el relato; tampoco logran hacerlo de manera independiente. Gallenberger apenas sabe mantener tensión en ninguno de los elementos con los que trabaja, ni da a los personajes –salvo en el caso del personaje de Lena y en gran medida gracias a los esfuerzos de Watson por dotar a su papel de identidad- la profundidad necesaria para que el espectador conecte lo suficiente con ellos como para mantenerse en una trama que paulatinamente va dejando de lado todo aquello que podría haber dotado de interés a la película. Todo se rige por una plantilla de cierta idea de thriller con pretensiones políticas en la que Gallenberger se asienta sin buscar nada más que hacer avanzar la acción con una clara funcionalidad que, si bien sirve para que todo esté en su sitio con un orden, con una estructura que no deja lugar a sorpresas ni a desvíos innecesarios, también muestra una total carencia de personalidad en las imágenes. La película de Gallenberger debería incomodar más, y sin embargo resulta todo lo contrario: un trayecto por un territorio visual conocido, que permite anticipar incluso lo que no debería anticiparse. Y, algo así ocasiona un desinterés final por todo lo que acontece en pantalla.

Al final de la película, como es de rigor, se informa sobre ‘Colonia Dignidad’, sobre Shäfer y lo que pasó con él, qué hizo en esa comunidad. Vemos imágenes reales y se dedica la película a las víctimas. Son esos los únicos instantes en la película en los que realmente Gallenberger consigue transmitir de verdad qué supuso ese lugar, no así con su ficción. Si bien la manera de dividir el paso del tiempo resulta más o menos interesante, marcando los días pasados por Lena allí mostrando en cada momento un mapa del lugar diferente, marcando un lugar de la colonia, Gallenberger acude a varios lugares comunes para dejar claro algunas características de Shäfer –cuya composición por parte de Nyqvis es grotesca- tanto a nivel interno, es decir, en relación con los abusos en la colonia, como externo, en tanto a su relación con el ejército chileno. Todo es mostrado de manera esquemática y simplista, en ocasiones de manera vergonzosa por su torpeza, por una superficialidad que viene dada, además, por una cierta opulencia discursiva más pretendida que conseguida. En definitiva, una película fallida e insulsa incapaz de sacar hacia delante algo de lo expuesto.

Lo mejor: Emma Watson, al menos lo intenta…

Lo peor: prácticamente todo… pero sobre todo la incapacidad de sus responsables de elaborar algún tipo de discurso convincente.

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