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    El porvenir
    Críticas
    5,0
    Obra maestra
    El porvenir

    El porvenir

    por Violeta Kovacsics

    Exterior. Día. Un periodista del diario francés Libération se cuela en el rodaje de El porvenir, la última película de Mia Hansen-Løve, protagonizada por Isabelle Huppert. Es la primera vez que la directora trabaja con una actriz del calibre y del nombre de Huppert. El periodista observa. En un momento, la cineasta comenta: “no sé por que estoy tan tranquila”. Esta tranquilidad está en la esencia de El porvenir, una película alambicada, ambiciosa por su voluntad de ahondar en temas como la intelectualidad o la libertad individual, y en la que, sin embargo, la hondura y la complejidad se envuelve con una cierta ligereza.

    El porvenir - Cartel

     
    En El porvenir, Huppert encarna a Nathalie, una profesora de filosofía inmersa en una crisis vital. En la enseñanza, los tiempos ya no son los que eran. En la familia, la relación con sus hijos no es tan estimulante como la que la maestra mantiene con uno de sus exalumnos, un amante de la filosofía. Además, la madre de Nathalie madre está enferma. Y su marido le pide el divorcio porque ha conocido a otra mujer. Esto último es, quizá, lo que precipita definitivamente a la protagonista a una crisis, en el más innato de sus sentidos, en el sentido de cambio.

     

    Nathalie debe aprender a vivir de nuevo, y este trayecto de aprendizaje es precisamente lo que dibuja la película de Mia Hansen-Løve, una cineasta que con una sutileza meridiana sabe explorar el paso del tiempo, sosegado, implacable. Algo de esto había en Un amor de juventud, en la que presentaba las diversas estaciones por las que atraviesa el primer amor, del éxtasis primaveral, al dolor del fin del enamoramiento. El tiempo también se manifestaba en Edén. Aquella película adolecía de un personaje principal desnatado, excesivamente soso. Todo lo contrario sucede en El porvenir, una película en la que Isabelle Huppert se maneja con maestría en un tono entre cómico y malhumorado, mostrándose por momentos frágil.

     
    “Yo no soy la profesora de política”, dice en un momento Nathalie a los alumnos, que se manifiestan frente la puerta del instituto. Su intento por desmarcarse de lo político queda únicamente en lo retórico. El trayecto de Nathalie, hacia la curación emocional, resulta un gesto profundamente político. La protagonista busca un lugar propio, de la mano de aquello que tanto ama, de los libros, del pensamiento. Una búsqueda que se muestra sosegada, mediante elipsis, gracias a una fotografía luminosa, bajo la mirada de una cineasta tranquila.

     

    A favor: La sencillez con la que Mia Hansen-Løve maneja las complejidades y riquezas de la película.

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