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    Spider-Man: Un nuevo universo
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    Spider-Man: Un nuevo universo

    Todos para uno y... ¡pero qué ****** maravilla es esto!

    por Alejandro G.Calvo

    Poco, de hecho, muy poco, esperaba yo de la nueva aventura de El Hombre Araña (viejo que es uno) en la gran pantalla, en lo que sería el cuarto relanzamiento del superhéroe (no cuento los productos para televisión) desde que Sam Raimi lanzara Spider-Man en 2002. Con la línea Homecoming más que vigente y tras el trastazo crítico (que no de taquilla, que lo ha petado) de Venom (2018), la propuesta de Sony para estrujar las mamarias del cine de superhéroes podía resultar cualquier cosa (y más con Avi Arad, productor veteranísimo de Marvel a las espaldas). Así que, ¡qué suerte hemos tenido los fans de Marvel (principalmente: de los cómics)! Porque Spider-Man: Un nuevo universo es, realmente eso, algo nuevo, divertido, excitante, loquísimo y tremendamente divertido. Solo hay que rascar un poco para ver que la culpa de todo esto, más que los tres directores firmantes, la tiene su guionista Phil Lord (el 50% La profesora - Cartel responsable de esa joya llamada La Lego Película (2014)), quién tras ser despedido de Han Solo: Una historia de Star Wars (2018) y aislado del proyecto de la película en solitario de Flash -siempre junto a su colega Christopher Miller, aquí ambos figuran como productores-, ha fagocitado el Universo Spider-Man creado por Dan Slott en las grapas más excitantes del héroe arácnido del Siglo XXI lanzando una película que es un chute de todo aquello que mola del cine de animación contemporáneo: una estética virtuosa y estilizada rica en la hipertextualización (a lo El asombroso mundo de Gumball), una aventura emocionante y apocalíptica a partes iguales y un team de superhéroes a la altura de las circunstancias: Miles Morales, Peter Parker (entrado en años), Spider-Gwen, Spider-Noir -¡con voz de Nicolas Cage!-, Peni Parker (y su robot) y Spider-Ham (o Peter Porker, como se prefiera) Que cada protagonista posea su propia estética: Spider-Noir bebe del steam-punk en riguroso blanco y negro, Spider-Ham es un cartoon a lo Warner años 30, Peni Parker es anime naïf y psicotrónico a partes iguales, etcétera; ya es de certificado cum laude.

    El viaje hacia lo desconocido a través de todos los mundos pre-concebidos podría haber no resultado. Pero es tal la velocidad de la narración, el cúmulo de ideas mostradas, el gusto por el detalle hipertextual y por el lenguaje meta-cinematográfico (o meta-arácnido), que solo podemos aplaudir a rabiar esta película-kamikaze que busca justamente aquello que se propone: ser un producto libre y novedoso en tiempos en los que las películas superheroicas parecen estar hechas en una fábrica de montaje de blockbusters sin alma. Los fans de la animación están de enhorabuena: junto a Mirai (2018) de Mamoru Hosoda e Isla de perros (2018) de Wes Anderson, estamos ante la mejor de cinta de dibujos de este año. Y esto no ha hecho más que empezar. 

     

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