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    Bloodsucking Bastards
    Críticas
    3,5
    Buena
    Bloodsucking Bastards

    Ejecutivos agresivos

    por Xavi Sánchez Pons
    Gore y risas. Un binomio que lleva dando buenos resultados desde los años sesenta (los truculentos y reivindicables exploits de Herschell Gordon Lewis). Unas veces domina más un género que el otro en la ecuación, pero siempre tiene que haber algo de los dos: gags sangrientos y chistes ingeniosos de consumo rápido. Eso es precisamente lo que ofrece Bloodsucking Bastards, una película con alma de sitcom salvaje sobre el mundo laboral que en su última media hora echa mano de la hemoglobina y se convierte en una verbena splatter de carcajada.

     Bloodsucking Bastards - Cartel
    Ideada por el colectivo cómico Dr. God, el filme dirigido por Brian James O'Connell funciona más como una comedia que como un cinta de terror, de ahí que dedique prácticamente al completo su primera hora a retratar, con diálogos hilarantes y mucha sarna, el microcosmos donde sucede la acción: una empresa de marketing electrónico que se enfrenta a la llegada de un nuevo jefe. Ese tramo de la historia recupera el espíritu del Mike Judge de Trabajo Basura, léase empleados indignados con los mandamases, chistes soeces y trabajadores vagos capaces de inventar cualquier excusa con tal de no dar el callo. La comicidad aquí funciona bien gracias a dos actores en estado de gracia: Fran Kranz, el fumeta de La cabaña en el bosque que aquí se descubre como un nuevo Ben Stiller en ciernes si Hollywood es capaz de verlo, y un divertidísimo Joey Kern que borda la figura del holgazán caradura.

    Como decíamos al principio de esta crítica, es en su última media hora cuando Bloodsucking Bastards apuesta por el género de terror y el gore verbenero al convertirse de lleno en una película de vampiros (no revelaremos el porqué de su aparición para evitar el spoiler) a lo Abierto hasta el amanecer en clave de bajo presupuesto. Chupasangres que explotan y cubren de sangre a los protagonistas y los enseres de la oficina convertidos en armas de destrucción masiva (uno de los aciertos del filme). El gore-fest sirve para culminar esta pequeña comedia de horror, inverosímil e intrascendente, pero con encanto, que solo pretende ofrecer al público poco más de ochenta minutos de entretenimiento. Y la verdad es que los acaba ofreciendo. Una buena serie B que pide ser disfrutada en compañía y, a poder ser, con abundantes pizzas y cervezas.

    A favor: Fran Kranz y los momentos gore

    En contra: la falta de soluciones visuales interesantes
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