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    El joven Karl Marx
    Críticas
    2,5
    Regular
    El joven Karl Marx

    Dialéctica cinematográfica

    por Israel Paredes

    El director y activista político haitiano Raoul Peck, a pesar de llevar trabajando desde los años ochenta, no consiguió tener cierta trascendencia hasta el año pasado con su documental, alrededor de la figura de James Baldwin, I Am Not Your Negro. Combinando a lo largo de su carrera la ficción y el documental, a veces girando sobre el mismo tema, como sus dos aproximaciones a la figura de Patrice Lumumba, Peck ha llevado a cabo un trabajo cinematográfico político que tiene en El joven Karl Marx su película más convencional, si se compara con el resto de sus producciones, a la vez que un intento de llegar a un mayor público sin renunciar en gran medida a las inquietudes políticas que han recorrido sus anteriores películas. 

    El joven Karl Marx - Cartel

    El joven Karl Marx en ese sentido se adecua a la perfección a una cierta corriente de biopic europeo lineal y sin desvíos que, en este caso, narra el encuentro entre Karl Marx y Friedrich Engels a mediados del siglo XIX, siendo el segundo la luz necesaria que necesitaba el primero para conseguir dar forma final a su discurso político. Peck atiende en este sentido a la interacción entre ambas figuras a la par que a sus condiciones particulares en un contexto de lucha social y política, represiones policiales y cambios en todos los sentidos. Mediante una configuración escénica oscura, casi sombría, Peck se apoya en un buen diseño de producción para dar habida cuenta del momento creando un contexto muy preciso en cuyos contornos se debate una amistad y una relación ideológica y filosófica que cambió el devenir históricos. Es posible que Peck abuse del subrayado y recurra a ciertos imaginarios visuales que funcionan tan bien como, a la larga, resultan algo burdos. Pero en este sentido no se esconde, como tampoco lo hace al mostrar las diferencias entre los distintos grupos de lucha social de la época. La idea no es solo abarcar un fresco histórico amplio, sino también mostrar sus evidencias y sus contradicciones. 

    Unas imágenes epocales que son el perfecto paisaje para las largas, y en ocasiones duras, conversaciones entre los personajes. En este sentido, El joven Karl Marx puede pecar de ser excesivamente verbalizada, pero también supone una interesante ruptura del biopic tradicional, dado que Peck utiliza esas conversaciones, precisamente, de modo dialéctico: si las imágenes de la película parecen remitir a una idea concreta de cine, sus diálogos y su densidad pervierten lo convencional para conformar una película de cierta hondura discursiva que, aunque con un punto de vista muy claro, transmite también claroscuros en la lucha social. Es evidente el posicionamiento de Peck y su deseo de retrotraer una amistad que fue tan profundad en el terreno individual como relevante a nivel histórico. Las imágenes finales, no dejan lugar a duda de ello. 

    Peck rehúye de cualquier atisbo de acercamiento documentalista en El joven Karl Marx, y sí, en cambio, pone de relieve su carácter ficcional. Lo hace, como decíamos, a partir de unos constructos visuales muy cerrados en cierta producción europea basada en hechos reales o en personajes históricos. Una maniobra, eso sí, que no acaba de redondear. La introducción de debates políticos e ideológicos en el seno de una producción de este corte es muy interesante, pero acaba siendo agotador dado el carácter estático del ritmo, con la impresión en ocasiones de que la narración no avanza o lo hace por inercia, pendiente de crear una dialéctica imagen/palabra pero sin integrarla de manera conveniente en un hilo dramático más elaborado. Aun así, y a pesar de lo irregular de la propuesta, un trabajo más que interesante que tiene, a su vez, la ‘curiosidad’ de recuperar la figura de Marx en nuestro presente, una maniobra que, viniendo de Peck, posee un claro componente ideológico que recorre El joven Karl Marx y tiene que ver más con el presente que con el simple recuento de unos sucesos del pasado. 

    Lo mejor: Que Peck use una forma de biopic convencional para introducir un componente ideológico claro. 

    Lo peor: Que lo anterior produce a la larga una narración estática muy poco fluida, más interesada en cuestiones discursivas a través del diálogo que en el plano visual.

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