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    Uncle Howard
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Uncle Howard

    El cine como memoria afectiva

    por Quim Casas

    Hay dos aspectos muy interesantes en Uncle Howard, documental sobre un personaje escasamente conocido. Uno atañe a la realización de una película como una suerte de búsqueda urgente y conocimiento familiar: Aaron Brookner ha realizado Uncle Howard para conocer un poco más a su tío, Howard Brookner, fallecido en 1989; saber de él y explorar ese afecto que siempre le profesó cuando era niño, un afecto tan intenso que le llevaba a preferir irse con él antes que con sus padres, como muestra un film familiar de la época.

    Uncle Howard- CartelEl otro aspecto destacado es la naturalidad con la que se pasa de lo individual a lo colectivo. Howard Brookner pertenece a la misma generación de Jim Jarmusch, Amos Poe, Sara Driver, Tom DiCillo, Patti Smith, Richard Hell, Tom Verlaine, David Byrne, Ramones, Suicide, Deborah Harry, Basquiat, Keith Haring y Robert Mapplethorpe (estos dos últimos fallecidos a causa del sida, como Brockner). Es decir, una generación única que en la segunda mitad de los años setenta y los primeros ochenta protagonizó una auténtica revolución cultural (grupos de post-punk, cineastas independientes, fotógrafos, diseñadores, video-artistas, grafitistas), la new wave neoyorquina. Uncle Howard termina siendo un retrato de esa colectividad que aprendió a tocar, pintar o rodar de manera intuitiva, de los tres acordes de las canciones de los Ramones a los pocos dólares, escenarios y metros de  celuloide con los que empezaron Jarmusch, Poe y Brookner.

    Jarmusch fue técnico de sonido en Burroughs: The Movie, mezcla de recreación y documento que Brookner dedicó a William S. Burroughs en 1983. Jarmusch produce ahora Uncle Howard, actuando a modo de cordón umbilical. Aaron le entrevista, pero más allá de las anécdotas que unos y otros recuerdan, lo importante es cómo el director de Uncle Howard recupera la presencia de su tío a través del cine. Si Bazin dijo que el cine embalsamaba el tiempo, como el mosquito atrapado en el ámbar, Aaron Brookner devuelve literalmente a la vida a su tío a través de ese mismo cine (digital), dándonoslos a conocer a nosotros al mismo tiempo que él aprende a conocerlo un poco mejor.

    Es, por lo tanto, un documental de su tiempo, el Nueva York de los primeros ochenta; el retrato de alguien que soñó en imágenes en movimiento y pudo por fin rodarlas (aunque Howard solo logró hacer tres películas, la de Burroughs, otro documental sobre Robert Wilson y su obra The Civil Wars y la ficción Bloodhound of Broadway); la gestación de una película invisible hasta hace poco tiempo, la dedicada a Burroughs, y, también, una especie de home movie que relaciona intensamente diversas generaciones de una misma familia (Howard, sus padres y su sobrino) a través de la combinación del recuerdo de quien dirige ahora (Aaron) y la memoria ambarizada por el cine de quien dirigió entonces (Howard).

    A favor: convertir el cine en un acto de reivindicación afectiva y familiar.

    En contra: que nadie sabrá exactamente cómo vender y promocionar esta película.




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