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3,5
Buena
Life (Vida)

Hasta que no quede nadie con vida

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Es sencillo acercarse a Life (Vida) como la clásica película que adhiere a su narración y a sus imágenes referencias previas de distinta índole. Podríamos enumerar algunas de ellas pero resultan tan obvias que, en verdad, nos parece irrelevante. Acusar a la película dirigida por Daniel Espinosa y escrita por Rhett Reese y Paul Wernick de ser poco original e innovadora, que son dos de los términos que están siendo más usados en su recepción, es tan simple (y perezoso) como, precisamente, aquello que se ataca de la película. Porque Life (Vida) no esconde de dónde vienen sus ideas, su condición de conglomerado de terror espacial en cuyas imágenes, como decíamos, se cuela un sistema visual codificado que Espinosa, sin embargo, trabaja de un modo que, al final, resulta verdaderamente llamativo.

Life (Vida) - Cartel

Life (Vida) nos sitúa en la Estación Espacial Internacional en donde un grupo de astronautas recuperan unas muestras biológicas de Marte; unas de ellas, tras varios experimentos, toma ‘vida’ y los astronautas deberán enfrentarse a una forma de vida desconocida para ellos y que luchará para sobrevivir. Y para conseguirlo, pasa por matar a todos ellos. Así de simple es el esquema argumental de Life (Vida), a lo que habría que añadir la configuración de unos personajes desde unos elementos mínimos que, para algunos de ellos, no obstante, es más que suficiente para dar habida cuenta del personaje: su profundidad acaba surgiendo de la narración, de sus actos, y menos de las explicaciones a través de diálogos, por ejemplo, aunque haya un par de ellos que nos dan algunas claves, sobre todo acerca de David (Jake Gyllenhaal) y Miranda (Rebecca Ferguson), los dos que más peso tienen en la narración y claves, por varios aspectos, en la resolución final de la película.

Lo anterior puede ser visto de forma tanto negativa como positiva, pero el deseo de los responsables de Life (Vida) o, al menos la impresión que transmite el montaje entregado finalmente, es que han dado forma a una película que desde sus primeros compases va de forma directa hacia el terreno que quiero abordar sin preámbulos. Es pura acción y narración de un modo tan prosaico en determinados momentos como etéreo en otros. En una de las mejores secuencias de la película, cuando Rory (Ryan Reynolds) debe salir fuera de la nave, contemplamos todo el proceso desde el interior de ella y el punto de vista –la mirada- de los demás tripulantes, se convierte en el vector narrativo de la película a la vez que la cámara se mueve por los pasillos de la nave con una cadencia que instaura un ritmo preciso en la película que si bien no es uniforme a lo largo de todo el metraje, sí consigue dotar a la historia de una modulación rítmica muy medida y que se toma su tiempo para ir desarrollando los acontecimientos a la vez que se acelera cuando es necesario. Del mismo modo, el uso en determinados momentos de los planos secuencias contrastan con otros basados en el montaje de primeros planos o medios, lo cual evidencia, al menos en la mayor medida de lo posible, un trabajo recapacitado a la hora de construir visualmente la película.

Espinosa, por otro lado, ha optado por una frialdad expositiva, por una distancia con respecto a los personajes y la historia, que impide que el espectador pueda tener algún tipo de empatía hacia ellos. Ni héroes ni heroínas, figuras humanas que se convierten en presa de una nueva forma de vida –que ellos mismos han despertado- y que, como la propia construcción de la película, va creciendo de manera orgánica. Así, Life (Vida) se convierte en pura y simplemente, y no es poco y quizá sea suficiente, en una película de terror espacial con un buen trabajo atmosférico en el interior de una nave deshumanizada a pesar de los esfuerzos de sus ocupantes por hacerla parecer algo parecido a un lugar habitable. De ahí que las muertes apenas tengan emoción o épica, porque Life (Vida) no permite asidero alguno con algún tipo de realidad. Los movimientos de cámara, la conjunción de las imágenes y la música de Jon Ekstrand, que sigue el modelo de algunas partituras de compositores neoclásicos para cine en el que las disonancias crean, junto a las imágenes, un sentido sensorial muy marcado, y la imposibilidad de encontrar un relato con variantes más allá de lo que está pasando en pantalla, hacen de la película de Espinosa una obra muy plástica y física a la vez que, en muchos elementos, abstracta y extraña. Y que reserva un final, además, cuyo clímax devuelve una resolución cruel y llena de ironía para con dos personajes y, de paso, con la Humanidad y que evidencia la nada casual elección de terminar la película con ‘Spirit in the Sky’, de Norman Greenbaum.

Lo mejor: Que no se desvía apenas de sus intenciones y es pura y dura narración en imágenes y música.

Lo peor: Los evidentes remontajes que ha sufrido y que se perciben en algunos planos repetidos a lo largo de la película.




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