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    Caras y lugares
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    Caras y lugares

    Un país en la mochila

    por Xavi Sánchez Pons

    ¿Recuerdan aquella profesora de primaria o del instituto que hacía fácil lo difícil? Aquella que amaba su vocación, explicaba grandes conceptos con una sencillez brillante y con un entusiasmo arrebatador, y que incluso era capaz de encender en nosotros la llama del conocimiento y las ganas de hacer cosas. Pues bien, Agnès Varda es esa profesora, y también amiga y confidente, en Caras y lugares, el documental que ha codirigido con el fotógrafo francés JR. De estructura libre-pensadora, la película, detrás de su aparente simpleza y de un costumbrismo encantador, reflexiona sobre la función y el poder de la imagen y de la mirada en el cine y en nuestras vidas a través de un puñado de historias protagonizadas por personas anónimas de la Francia rural.

    Caras y lugares - Cartel

    Varda y JR recorren el país en una furgoneta que tiene la capacidad de imprimir copias gigantes y en alta definición de instantáneas tomadas por el segundo. Unos murales de gran tamaño que, al ser pegados en distintas superficies por el equipo de ayudantes de JR, alcanzan un valor simbólico poderosísimo. El fragmento dedicado a la mujer anciana que se niega a abandonar su vivienda a punto de ser expropiada, con su retrato gigante adherido al edificio como muestra de apoyo y de resistencia. O la secuencia donde tres mujeres casadas con estibadores se suben a una montaña de contendores en el puerto de Le Havre para presidir, desde lo alto, sus fotos colosales de cuerpo entero con sus respectivas parejas en la parte inferior; una de las imágenes feministas más mágicas y potentes del cine moderno, precedida de una reflexión de Varda demoledora "a mi las mujeres me gustan más de piey que, claro está, sirve de origen a la instalación.

    Caras y lugares es un filme que dialoga con las anteriores obras de la directora de Cleo de 5 a 7. Sobre todo con dos: Mur murs, película con un ramalazo pop y festivo sobre los murales callejeros en Los Angeles de 1981, y Los espigadores y la espigadora, un documental que ofrecía una mirada impresionista sobre el oficio de jornalero y sus múltiples facetas. Lo nuevo de Varda, una niña grande de 89 de edad, es a la vez una historia de amistad llena de cariño, chispa y humor; la suya con JR. Y, en última instancia, una cinta que debería reconciliar al misántropo con la humanidad. Su colección de viñetas costumbristas irradia tanta calidez y empatía, que funciona de bálsamo contra el cinismo actual.

    A favor: Agnès Varda llamando rata a Jean-Luc Godard en los últimos minutos del documental.

    En contra: Que solo dure 89 minutos.

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