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    Winchester: La casa que construyeron los espíritus
    Nota media
    2,6
    59 notas incluyendo 14 críticas
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    14 críticas de usuarios

    Maria A
    Maria A

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    3,0
    Publicada el 2 de marzo de 2018
    La verdad que a mi la película me ha gustado mucho y me ha entretenido. Me han gustado los detalles que tenia como lo de los 13 clavos o lo del patinete del folleto y que cuando el chavalillo es poseido también salga un patinete. También me ha gustado de la manera que se relacionaba lo que ocurrio con el joven asesinado y lo que hacia el pequeño. Me ha parecido un tema superinteresante y la película me ha sorprendido en varios aspectos como que la película practicamente empiece en la pequeña escalera que choca con el techo y que finalmente también acaba en ese lugar arreglandolo. Es entretenida aunque predecible.
    Bafer
    Bafer

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    1,0
    Publicada el 14 de marzo de 2018
    Me parece una burla a cualquiera que tenga una pizca de conocimiento de lo que es una película de terror. Aburrida, la trama pretende tener sentido ético pero acaba siendo un callejón sin salida que de hecho ni siquiera da "miedo". Los screams son lo único que puede hacerte mover de la silla a no ser que prefieras ir a pedirte un refresco en medio de la película. Es tan mala que ha sido la única película que me ha hecho venir aquí y criticarla negativamente.
    Adolfo Garcia Gonzalez
    Adolfo Garcia Gonzalez

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    2,5
    Publicada el 2 de marzo de 2018
    De nuevo terror basado en hechos reales. En esta ocasión no me ha sorprendido, me pareció suave y sin grandes sobresaltos. Creo que con esa historia se la podría haber sacado más jugo, (lastima). He sentido cierto olorcillo a la magnífica "13 Fantasmas". Las actuaciones buenas en general al igual que los escenarios. Por lo demás, la denominaría básica. Pd; lo mejor el entrante antes de la proyección.
    cinecritico
    cinecritico

    Sigue sus publicaciones 3 usuarios Lee sus 509 críticas

    1,5
    Publicada el 29 de abril de 2018
    "winchester y la casa que contruyeron los espíritus es sin duda una película fea y sin sentido, recomendable para un domingo. le vamos a dar 1 estrellas y media, mala".
    JonyRedLabel
    JonyRedLabel

    Sigue sus publicaciones 24 usuarios Lee sus 285 críticas

    3,0
    Publicada el 27 de febrero de 2018
    Es un poco parecida a Amytiville pero con una casa antigua en una época muy antigua. Es entretenida y tiene algun sustilllo. Me a parecido muy normalita, aunque Helen Mirren a estado muy bien. La historia va de que unos abogados quieren quitarle la mansión a la señora Winchester y para ello contratan a un doctor para que la evalué, dicho doctor es invitado a la casa para llevar a acabo dicha evaluación, en el momento en el que llega empiezan a pasar cosas extrañas por la noche, dandodese cuenta de que alguna presencia extraña deambula por la casa.
    José Luis M.
    José Luis M.

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    2,0
    Publicada el 22 de abril de 2018
    Otra típica película de espectros y fantasmas con algún que otro tonto sobresalto.Lo mejor-por decir algo-,son los últimos diez o quince minutos,con unos efectos especiales bien currados,aunque recuerdan a aquella "Ghost Ship y "13 Fantasmas".Pelicula para ver en el cine si no tienes mejores planes.
    Raúl C
    Raúl C

    Sigue sus publicaciones 7 usuarios Lee sus 258 críticas

    2,5
    Publicada el 6 de agosto de 2018
    Winchester: La Casa que Construyeron los Espíritus (2018). "¿Sabe quién es el monstruo más aterrador? El que invitas a tu propia casa." Los australianos hermanos Spierig, responsables de la octava secuela de Saw, nos traen esta cinta de terror al uso que, aunque cuenta con una original (y real) premisa, no consigue enganchar al espectador... Fantasmas malignos, clásicos sustos con subidas del sonido, y caritas de pocos amigos entre el servicio de la dueña de la mansión. Quitando todo eso, lo que realmente (casi) salva el largometraje es la presencia de sus tres protagonistas: la veterana Helen Mirren, en el papel de la atormentada viuda del creador del rifle de repetición Winchester; Jason Clarke, quien deja por ahora a los célebres 'simios' y a 'Terminator' para interpretar al doctor que viene a prestarle ayuda a la acaudalada señora para que logre superar a sus demonios y, desde luego la casa, cuyo diseño de producción es una pequeña maravilla gracias a la magia del cine... y a un buen número de carpinteros, sin lugar a dudas. La fotografía también ayuda bastante a mejorar la calidad de la cinta, pero sin conseguir que la crítica le dé un aprobado. Entretenida, sin más. Raúl Cabral. https://www.filmaffinity.com/es/film689565.html
    cine
    Un visitante
    2,0
    Publicada el 11 de marzo de 2018
    "Mirren siempre trae un toque de clase, por supuesto [...] Pero Clarke es algo así como un protagonista en blanco, mientras que los personajes secundarios son en su mayoría fantasmas pálidos que caminan sonámbulos a través de una delgada trama dibujada"
    Movielike C.
    Movielike C.

    Sigue sus publicaciones 9 usuarios Lee sus 136 críticas

    3,5
    Publicada el 30 de abril de 2018
    Bastante bien de verdad, yo no definiria como terror pero si relata bien la historia de esta mujer y de su casa.
    Pipe C.
    Pipe C.

    Sigue sus publicaciones 4 usuarios Lee sus 158 críticas

    2,0
    Publicada el 26 de abril de 2018
    La tediosa replicación y la abúlica carencia creativa insinúan su regreso para un resucitado género de horror Apuntaba a ser una de las mayores delectaciones del primer semestre fílmico en cuanto al sub-género de terror sobrenatural concierne y terminó por ser, desde una perspectiva muy personal, el primer gran fiasco del año. Abiertamente, es vergonzoso y decepcionante aceptar que dos directores, primeros orfebres artísticos para una obra, hayan dejado caer por entre sus dedos tan colosales talentos, pues, es inimaginable que con semejante configuración un filme de tan condenable calibre haya sido el estrenado en los cines. Con la llegada del siglo XXI, nadie ni nada pudo disimular que el género experimentaba una rígida decadencia y fatiga, pues era lo que implantaban guionistas y estudios en sus libretos, reciclando horrisonantes prototipos y modelos que ya de por si eran desdeñables. Sin embargo, de manera súbita y violenta un auge fantásticamente posicionado provocó que en el 2017— un año en el que se pronosticaba un seguro flujo de monumentales fatalidades fílmicas—, sin ser aspaventero, el horror regresara como muerto viviente, sepultando la ampulosa fe que predicaba todo fanático respecto a esta clase de arte audiovisual que apelaba al hueco y efímero entretenimiento. “Get Out” de Jordan Peele, “It Comes at Night” de Trey Edward Shults, “It” de Andy Muschietti, “Happy Death Day” de Christopher Landon, “Split” de M. Night Shyamalan, “Gerald's Game” de Mike Flanagan, “mother!” de Darren Aronofsky coparon salas enteras el año pasado, llevándose al bolsillo cuantiosas recaudaciones, demostrando que un buen manojo de talentos e ideas originales pueden llegar a retratar realidades a través de ficciones perturbadoramente verídicas. Cada una de las anteriores compartían un común denominador— no solo las desorbitantes ingresos — que hacían las delicias de los seguidores, además, siendo, sin duda alguna, de lo más destacable y loable que surgía del género desde hace un buen tiempo. No obstante, las cartas independientes se arriesgaron con “The Killing of a Sacred Deer” de Yorgos Lanthimos, “The Blackcoat's Daughter” de Oz Perkins, “The Devil's Candy” de Sean Byrne, “Raw” de Julia Ducournau, “The Void” de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, “Thelma” de Joachim Trier, “Hounds of Love” de Ben Young, “Super Dark Times” de Kevin Phillips y “The Lure” de Agnieszka Smoczynska, principales y más dignas apuestas que fueron proyectadas a lo largo de tal época, siendo de las pocas que verdaderamente ofrecían características nuevas para la evolución, o al menos, mantenimiento del horror, ya que, aunque sus recaudaciones o presupuestos no hayan sido abrumadores, significaron parte esencial en este renacer postmoderno de mi predilección fílmica, por lo que es una dicha enorme encontrarse, por sorpresa, con pequeñas joyitas que dejan el nombre del género muy, muy en alto; y qué mejor que una gran cantidad lo hayan logrado entre la barrera de los 365 días. Lo riesgoso y desafiante es que con mega-hits como “It” de New Line Cinema y Warner Bros. Entertainment Inc. o aclamaciones universales en crítica como la ácidamente satírica “Get Out” de Universal Pictures, los siguientes envíos cinematográficos deben manejar las cotas exactas de calidad y sorpresa, e incluso abrir espacio para mejoras, pues, aunque el año en que Warren Beatty y Faye Dunaway anunciaron al ganador incorrecto fue un periodo dorado para cualquier clase de entidad terrorífica, no todo concluyó con ápices de perfecta solvencia. Pequeñas y grandes casas productoras ya han encendido motores y han lanzado sus primeras cartas a los cines, muchas de las cuales apuestan fuerte, pero poco. Existe una gran variedad de teorías sobre el maleficio cinematográfico que sobrevuela el mes inaugural del año nuevo, pues las más reconocidas maquinarias optan por estrenar en estos tiempos fríos largometrajes execrablemente palomiteros, desechables y paupérrimos, pertenecientes mayoritariamente al valorizado genero de horror. No obstante, tal supersticioso periodo ha quedado en el recuerdo con velocidad inaudita, dando paso a un maravilloso febrero, personalmente, uno de los mejores meses en cuestiones de cine. Entre tantos potenciales lanzamientos, sobresale uno, el cual desde el año pasado, exactamente en octubre cuando surgió su primer teaser trailer, levantó un gran interés no solamente debido a los intérpretes y el apartado visual imprimidos en el proyecto, sino por la esperanza de prolongar la racha ganadora del terror. Acudir a las salas con información mínima es un código exclusivo el cual opto por aplicar con proyectos que considero factiblemente dignos, originales y significativos; hoy, luego del visionado, resumo en una sencilla frase nominal el producto final: “una perturbador extravió de potencial.” Sarah Winchester es una viuda heredera de la exitosa empresa de rifles Winchester. La gótica mujer cree que ha sido embrujada, pues espíritus merodeadores, que ella considera fallecidos a causa de sus mortales fusiles, le obligan a construir una especie de laberíntica morada en donde cada entidad determina cuál será la intrincada arquitectura de las estructuras que, de alguna manera, permitirán el descanso pleno de sus almas al salir del oscuro mundo demoniaco. Mientras tanto, el Dr. Eric Price deberá hospedarse una semana entera en el recinto para evaluar la salud mental de la propietaria, pues la entidad bancaria pretende apoderarse del singular lugar, en el cual miles de almas sedientas de venganza deambulan por pasillos cerrados y habitaciones sin salida, una mezcla de casa de terror y casa de los espejos, con la variable de que el espejo es reemplazado por madera rechinante y la emoción por insulsa predictibilidad. El cine se ha convertido en una industria de consumo, que pasa, muchas veces, por encima de las prioridades artísticas y las experimentaciones culturales, por lo cual, muchas veces, la mayoría de estos productos audiovisuales inherentemente requieren ser evaluados desde una perspectiva más sintética, menos enriquecedora. Se ha vuelto ley que filmes de esta clase presenten envolturas sugestivas, lo suficientemente atrayentes como para convertirse en ganchos comerciales en función de la casa productora. En el campo comercial, “Winchester” funciona de maravilla, ya que a partir de fabulosas promesas, consigue que sus gruesos ingresos aumenten a la velocidad de la luz. Y no era para menos, pues sus carteles promocionales se ven capitaneados por la gloriosa figura de Helen Mirren, una veterana actriz que, increíblemente, se dejó hipnotizar por el brillo superficial de un papel hueco, áspero y falto de oportunidades para sobresalir. Así y todo, la idea de una casa de divisiones infinitas, pasillos que interceptan el paso libre hacia un laberinto embrujado motiva a cualquier regular visitante del género o a cualquier curioso cinéfilo a adquirir un boleto. Para sorpresa de muchos, hay miserablemente poco que extraer de este gran desastre, el cual significa un terrible paso en falso para un género que bien podría estar coqueteando, de nuevo, con la penosa irreversibilidad. Dentro de lo poco rescatable, sobresale, sin hesitación, la acertada, tétrica y fiel cinematografía del siglo XX. Pocos filmes se dan el lujo de contar con semejantes visuales debido a la complejidad que estos encierran, sin embargo, ahora Ben Nott entrega un importante aporte para el cine de época. No comparte la plasticidad de trabajos como “The Woman in Black 2: Angel of Death” con el cual concordaban en temática, ya que, esta vez, Nott y su especializado equipo creativo erigen atmosferas incomodas —en el buen sentido de la palabra —, rebosantes de solidez visual, de tensión cinematográfica, apoyándose, intermitentemente, en la verdadera estrella de la historia: la casa. Esta mansión no tiene nada que envidiarle al edificio de cristal de “Thir13en Ghosts” o a la tenebrosa morada de”The Amityville Horror”, pues, aunque a lo largo de todo el filme es utilizada con perezoso tino creativo, lapsos en el viaje alcanzan a ser medianamente disfrutables gracias a la constante inseguridad que denotan sus paredes, sus puertas, su imponente arquitectura; un triunfo para la cinematografía del género, al menos, la única contribución que obtendremos de este injustificable bodrio. Además, en mitad de la soporífera previsibilidad narrativa, tiene lugar una secuencia sencilla pero aceptablemente ejecutada, nunca alcanza a rozar un impacto completo, pero sí consigue construir un acertado paso a paso de tensión que, odiosamente, termina con una chocante edición y un hueco golpe de efecto. Es en esto último que estriba la gran falla y decepción del filme, en la extralimitación de música estridente y ominosos y mal logrados jump-scares que no son ni efectivos ni terroríficos, ahogan la idea, no tienen control alguno, el suspenso y el miedo para el espectador están sustentados, en un 90 por ciento, en dichos trucos baratos e insustentables que hoy en día son tan comunes en esta clase de obras. Jamás cumplen su función adecuadamente, pues los nuevos cineastas relegan o reproducen al pie de la letra las magistrales pautas de maestros como de Brian De Palma o Hitchcock, hombres que instauraron leyes sobre construcción de tensión, sobre como anticiparse a las predicciones del espectador y al mismo tiempo tratar de llevar la sorpresa hasta el punto máximo. Distribuirla en pequeños e insulsos pedazos que saltan de par en par frente al público no es bueno, todo lo contrario, terminan perjudicando de forma irreparable. Una grandiosa oportunidad lanzada al escusado, una con la que muchos realizadores soñarían y que, posiblemente, con un tratamiento argumental y direccional radicalmente diferente hubiera podido ser la joya que inauguraría un año nuevo para el género. Ahora, ni hablar del gran desperdicio de talento actoral. Helen Mirren y Jason Clarke nunca debieron acabar en un proyecto como este. No es posible comprender las penas de Clarke referente a la muerte de su esposa o su adicción a la medicina, ni tampoco los de la errática y atormentada de Mirren con su esposo e hija fallecidos, dado que su exposición es terriblemente insípida, los personajes no presentan un buen trasfondo ni una introducción atinada para ganarse alguno de los propósitos principales del primer acto, desde el principio se pierden intentando construir el misterio alrededor de la mansión, sin percatarse que, a mitad de relato, ya no nos importa que pase con ninguno de ellos. Cabe añadir que el personaje de Finn Scicluna-O'Prey, Henry Marriott, se utiliza sin vergüenza como una cómica herramienta de un solo uso, es decir, sus intervenciones tienden a la comedia desechable que apela a lo memo e incoherente. Asimismo, la actuación del pequeño no muestra nada de chispa ni conexión para intentar justificar su función, otro error mayúsculo. Y aún falta lo peor. Con todo y todo, la verdadera gran equivocación radica en el peor lugar de todos: el guion. La historia, en un inicio, exhibe prototipos ya conocidos: viuda misteriosa reside sola en una victoriana mansión embrujada; no obstante, la interesante variable aquí es que, además de que tal terrorífica dama con mucho secretos sería interpretada por Helen Mirren, día tras día malignos espíritus destruyen y reconstruyen sin freno la casa, un giro de tuerca inspirado en hecho reales que bien pudo añadir buenas cosas a las típicas historias de mansiones encantadas. No fue así. El guion se deja tentar por superficialidades como los injustificados sobresaltos o el seguimiento de una sub-trama que aparece de repente. Mientras la historia insinuaba ir hacia un viaje de descubrimiento dual entre doctor y viuda, termina por ser una travesía demoniaca familiar, regresando sin causa a los pesarosos tropos habituales del horror. También se percatan oportunidades perdidas para realmente inesperadas vueltas de tuerca, especialmente al final, en donde todo pierde el orden y la mínima coherencia argumental que se tenía se va al carajo, introduciendo la típica y reusada fórmula de “The Others” de Alejandro Amenabar o “The Sixth Sense” de M. Night Shyamalan. El espectador no es capaz de asimilar la catarsis del personaje puesto que jamás se llega a un punto de conexión con sus motivaciones, el asistente se sienta sin reparo durante hora y cuarenta minutos con el fin de estar en estado de alerta para reaccionar a la próxima acentuación repentina de sonido o aparición de una creatura de aspecto repugnante. En realidad, la única creatura repugnante es el filme en sí. “Winchester” de The Spierig Brothers (Michael Spierig y Peter Spierig) es un invento engañoso que significa un paso en falso en la triunfante racha del cine de terror, pues se ahoga en un mar de jump-scares y tradicionalidades, de las cuales hemos querido escapar desde hace lustros. Caracteres mal estructurados, secuencias poco eficaces, ediciones planas y una sobresaturación de efectos de sonido y sobresaltos bobalicones componen el gran primer bodrio fílmico de horror del año. Lo que se vaticinaba como la obra reina para el género en la primera mitad del 2018 acabo por acompasar todo a lo que un aficionado del cine verdaderamente le teme: historia derrochada, desperdicio de actores de alta escala, desaprovechamiento de una fantástica puesta en escena e infinitas y repelentes sucesiones de sobresaltos. A decir verdad, en última instancia, sí resultó ser un auténtico horror, pero no de esos que te hacen padecer con gusto, sino de aquellos que deseas encarcelar bajo llave en una mansión con miles de pasadizos y habitaciones sin salida. Aunque, mirándolo bien, ya está condenada al peor destino: el olvido.
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