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    El hotel a orillas del río
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    El hotel a orillas del río

    El agua y la nieve

    por Quim Casas
    En las primeras secuencias del filme de Hong Sang-so, el agua del río que pasa cerca del hotel donde ocurre toda la acción se convierte en nieve. Filmada en un luminoso blanco y negro, la película pasa de un elemento a otro del mismo modo sencillo en que los personajes entran y salen de escena. Algunos de ellos se duermen momentáneamente, abrazados en la cama o tomando un café en el bar del hotel, y cuando despiertan y contemplan el exterior, la nieve ha caído y se ha extendido como un manto hasta diluir la visión del río. Los hechos ocurren así, de repente, y Sang-so filma el cambio del paisaje como acostumbra a filmar las reacciones de sus personajes, con total naturalidad. Hotel a orillas del río - Cartel

    Un viejo poeta pasa unos días en el hotel porque el propietario de establecimiento, admirador de sus versos, le ha invitado. Una joven arrastra una ruptura sentimental reciente y conversa en su habitación del mismo hotel con una amiga. Los tres se conocen en el exterior, contemplando la nevada que ha invadido repentinamente sus vidas. Entran, salen, hablan, vuelven a encontrarse. Los dos hijos del poeta han venido a visitarle. Uno es cineasta, por supuesto: es inimaginable un filme del realizador surcoreano sin que aparezca un director, un guionista, un crítico de cine o un agente de ventas cinematográfico. Los recuerdos familiares del pasado brotan con la misma naturalidad. No son evocaciones felices, pues atañen a la virulenta ruptura con la esposa y la ausencia del padre, pero son recuerdos al fin y la cabo. Algo a lo que agarrarse cuando otras cosas se desmoronan.

    A diferencia de los anteriores títulos de Sang-so, en El hotel a orillas del río apenas hay un momento de distensión. Sin ser su película más severa, sí es una de las más contundentes en su renuncia a digresiones cómicas o situaciones divertidas producto, como casi siempre, de la ingesta de soju durante una cena. Los cinco personajes, que solo aparecen juntos en una misma secuencia y un mismo espacio pero sin interrelacionarse entre ellos (los tres hombres en una mesa de un pequeño restaurante, las dos mujeres en otra mesa detrás de ellos), hablan del amor y de la muerte (hay algo bergmaniano en algunas fases de esas conversaciones y en la figura del viejo y cansado poeta), del desamor y la convivencia, de la pérdida y la culpa.

    También aparecen algunas disquisiciones sobre el propio cine, en torno a la personalidad de un director y sus problemas para llegar a un público más amplio, en las que quizá puedan reconocerse las dudas y dilemas de un Sang-so que, desde los créditos iniciales, mira hacia atrás con ninguna ira: los créditos están narrados por la voz en off del propio director, como hizo Orson Welles con los créditos finales de Ciudadano Kane. A su manera, poco a poco, filme a filme, costumbrismo a costumbrismo, zoom a zoom, el director de Mujer en la playa y En la playa sola de noche se está convirtiendo en una referencia clásica del cine asiático contemporáneo.
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