Una mañana, el cadáver de un marinero llega a la orilla arrastrado por la marea. Si no tuviese las manos atadas a la espalda se podría pensar que Justo Castelo es otro de los marineros que ha encontrado su tumba en las aguas mientras faenaba. Pero el océano no necesita cuerdas para matar. Sin testigos ni rastro de la embarcación en la que ...