A pocos días de saber si Sean Penn se llevará el Óscar a mejor actor secundario, un pequeño detalle de la película de Paul Thomas Anderson hace que nos demos cuenta de lo difícil que es preparar una película: metieron la pata en el pelo
A la hora de hacer Una batalla tras otra, Paul Thomas Anderson se planteó la película como una respuesta al estilo visual de la mayoría de películas de hoy en día, rodando en VistaVision como manera de enfrentarse al look plano y televisivo de muchas películas actuales. Cada plano es el doble de tamaño que uno normal, permitiendo así que la imagen ganara en detalles... Y hacer que las escenas de acción lucieran más espectaculares que nunca. El resultado (visto en cines, al menos) es espectacular.
Un error tras otro
Paul Thomas Anderson tiene todas las cartas para alzarse con el Óscar el próximo 16 de febrero, un premio más que merecido después de sus 30 años dedicados al cine (empezó con Sydney en 1996, así que sería literal). Una filmografía que le ha valido un total de 14 nominaciones: ya va siendo hora de que se le reconozca, a sus 55 años, como uno de los mejores directores de la historia moderna.
Sin embargo, aunque es un genio absoluto en lo suyo, lo cierto es que es inevitable cometer errores. En Una batalla tras otra, sin ir más lejos, hay un fallo tremendo que puedes ver tú mismo y tiene como protagonista a Lockjaw, el personaje de Sean Penn: cuando está en el ascensor yendo a la reunión, se peina el pelo y aparece limpio y hacia arriba. Sin embargo, al entrar en la habitación vuelve a tenerlo sucio y revuelto. Ups.
Es un fallo mínimo y absurdo, eso sí, en una de las mejores películas del año (y de los últimos años, diría), con un reparto absolutamente excelso. ¿Pasará a la historia como Magnolia, El hilo invisible o Pozos de ambición? Todo parece indicar que sí. Y será más que justo.