Quizá 'Eyes Wide Shut' no sea la mejor película en la que poner a tu nieto, pero Stanley Kubrick, cuando se enteró que había tenido un accidente con la bici, no lo dudó ni un momento: ya tenía el paciente perfecto para ser examinado por Tom Cruise.
Un director como Stanley Kubrick no podía haber hecho su última película de manera más propia: tardó 400 días en rodarla (aún ahora, el premio Guinness al rodaje continuo más largo) y por el camino acabó por separar a Tom Cruise y Nicole Kidman, desesperados al mismo tiempo que sus personajes en la ficción. Sin embargo, Eyes Wide Shut también tuvo, por qué no, un momento bonito para vivir en familia. Bueno, más o menos.
¡Ay! Wide Shut
Una de las hijas de Kubrick, Katharina, sale en una escena en la que el personaje de Tom Cruise ve a un paciente infantil. Ese paciente no es otro que Alex, el nieto del director. El rodaje apenas duró 20 minutos, porque había muchas escenas que grabar con "pacientes". Curiosamente, Cruise tenía un doctor real al lado para asegurarse de que todo fuera bien e hiciera los movimientos adecuados. Y menos mal que estaba, porque estuvo a punto de necesitarlo.
Tal y como cuenta Katharina, el motivo por el que Kubrick quiso meter a su nieto en la película no fue por amor, sino por conveniencia. Resulta que unos días antes del rodaje, el chaval se había caído de la bici sin llevar casco y se había raspado toda la cara contra el asfalto, como si fuese un rallador de queso. Imagina: muy, muy grotesco. Inevitablemente, le dejó una cicatriz en la cara que Kubrick quería usar como excusa para que el doctor le examinara.
Sin embargo, hubo un problema inesperado: cuando llegó el momento de rodar, la cara de Alex ya se había curado, y Cruise tuvo que examinarle como si tuviera algo. Al menos les quedó un bonito recuerdo antes de la triste muerte del director, que no llegó a ver el estreno por unos meses. El cine aún le echa de menos.