Nadie esperaba que la novelita por entregas que publicó H.G. Wells a finales del siglo XIX tuviera tanto tirón, pero incluso a día de hoy se siguen haciendo versiones. ¡Tantas, que incluso hemos dado por hecho cosas incorrectas!
Aunque ahora nos parece una historia muy clásica, lo cierto es que, cuando HG Wells publicó por primera vez La guerra de los mundos en la revista Pearson's Magazine, a razón de un episodio al mes entre abril y diciembre de 1897, el mundo se obsesionó rápidamente. Y eso que Wells tan solo cobró 200 libras, con la obligación de contarle al director de Pearson's el final de la historia antes de empezar a publicarla. Fue un bombazo tal que empezaron a publicarse serializaciones no autorizadas en estados Unidos con títulos alternativos y cambiando un par de cosas para que pareciera original. Cosas que pasan cuando el copyright no es tan férreo.
¡Que vienen los marcianos!
La versión más conocida de La guerra de los mundos, le guste o no a Steven Spielberg, fue aquella emisión de radio de Orson Welles en 1938 que incitó al pánico entre la población. Fue tan influyente, de hecho, que todo lo que introdujo en la historia se tomó como canónico y afectó notablemente al resto de adaptaciones, incluyendo un detalle al que Spielberg guiñó un ojo en 2005.
Y es que en La guerra de los mundos de 2005, antes de que salga el primer trípode, se ve cómo la tierra rota por encima del lugar donde va a salir. No todos lo saben, pero en la novela original los marcianos aparecen por primera vez tras desenroscar la tapa de su cilindro al caer desde el cielo. De hecho, la idea de Spielberg era la de hacer contraste entre esta película y el material original, inspirado por el 11-S y tantos vídeos a nivel de suelo que mostraban momentos de aquella tragedia.
Era esa época en la que Estados Unidos estaba aún curando, y para hacerlo del todo presentó todas las escenas de acción desde el punto de vista de los protagonistas, con muy pocos planos aéreos. De hecho, no se explica por qué vienen o por qué están aquí, haciendo la experiencia mucho más temible... y real. En un mundo donde las Torres Gemelas habían sido destruidas por motivos que aún no alcanzaban a comprender, una película como esta cobraba más sentido que nunca.