Realmente se tendría que haber partido la crisma en ese opening, pero consiguió sobrevivir durante la friolera de 52 episodios en los que participó (no lo olvidemos) un joven Hayao Miyazaki que aún estaba lejos de cread el Studio Ghibli
Aunque Heidi fue creada en 1880 por la escritora Johanna Spyri, lo cierto es que todo el mundo la recuerda por ese anime que empezaba con "Abuelito, dime tú" y que ha pasado a la historia. No es la primera adaptación audiovisual de Heidi (ese honor es de una película de 1937 con Shirley Temple como protagonista), pero, desde luego, sí la más reconocida: fueron 52 episodios emtiidos en 1974, que después se cortaron y pegaron en tres películas para los que necesitaban un resumen o no la pillaron durante la emisión. Sí, en la era antes de Internet era relativamente normal.
Abuelito, mide tú
Más allá de los memes, seguro que te acuerdas de las imágenes (que, entre otros, manufacturaron artistas que después serían senseis del anime como Hayao Miyazaki o Isao Takahata) del opening, con la niña volando en una nube y montada en un columpio que le lleva por encima de los pueblos de los alpes suizos donde vive. Y es posible que alguna vez te hayas preguntado... ¿Pero cuánto tiene que medir ese columpio para llegar tan lejos?
La ciencia, como siempre, ha venido a responder a esa pregunta gracias al programa Revival+. Se calcula que, teniendo en cuenta el tamaño de las casas que vemos debajo, mide unos 49 metros de altura, que tarda en recorrer 8,9 segundos. Solo hace falta hacer un cálculo para comprobar que, en su punto álgido, Heidi está yendo una velocidad de 206 kilómetros por hora, y ponerse de pie en el mismo. Es más: si en ese momento se soltase por las buenas, recorrería 349,65 kilómetros del impulso. Acabaría hecha fosfatina, eso sí.
Por cierto, si te estás preguntando cómo acabó Heidi, lo cierto es que no tuvo un final necesariamente feliz (más bien agridulce): después de empezar a andar, Clara era internada en Bad Ragaz, una población suiza, y Heidi se queda sola con su abuelito, pensando si algún día volverán a encontrarse. ¡Siempre le quedará montarse en el columpio gigante y absurdo!