La nueva y deliciosa gamberrada de Emerald Fennell
por Andrea ZamoraLa relación de Catherine y Heathcliff, los protagonistas de Cumbres Borrascosas, está condenada desde el primer momento que se ven. De niños, escondidos debajo de una cama, ella descubre que él no tiene nombre y le pone uno. Catherine lo bautiza y él existe. Es un maleficio: solo a partir de entonces Heathcliff tiene razón de ser. Antes no era nadie. Por la gracia de Catherine, él se ha convertido en su mascota. "Te seguiría como un perro hasta el fin del mundo", le dirá él a ella años después, ya de adultos y minutos antes de que quede claro que su amor solo conduce a un camino: el fracaso y el dolor.
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Ese momento que asienta sus destinos es uno de los pocos que comparte Cumbres Borrascosas (película) con Cumbres Borrascosas (libro). La versión dirigida por Emerald Fennell, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, se toma grandes libertades con la obra de Emily Brontë y conserva únicamente los hitos esenciales de la trama.
Esta Cumbres Borrascosas resulta provocadora porque, pese a la rigidez que impone el texto clásico, se permite ser audaz y no someterse a la fidelidad absoluta. Destaca por algunas ideas sugerentes, especialmente al construir la dimensión sexual de los protagonistas, aunque pierde fuerza y se vuelve reiterativa cuando la relación entre Catherine y Heathcliff se consuma.
La marca Emerald Fennell
Después de Una joven prometedora (2020) y Saltburn (2023), Fennell continúa afianzando una voz autoral, una que convierte sus películas en una especie de tienda de dulces donde todos los caramelos esconden veneno. Visualmente, esta propuesta es impactante y seductora: su apariencia es atractiva y tentadora. Sin embargo, el resultado final deja la sensación de ser un dulce que al principio deslumbra, pero que termina perdiendo sabor.
El viaje que propone Fennell es oscuro, retorcido, despiadado y está cargado de erotismo. En su primera parte es cuando la cineasta despliega su mayor virtud: explorar lo sexual sin hacerlo explícito, sugerir en vez de enseñar y acercarse peligrosamente al límite sin llegar a excederse. Más tarde, cuando pasan los años y los personajes evolucionan, la película termina hundiéndose en un exceso de melodrama que diluye por completo el juego y la frescura que Fennell había logrado hasta ese momento.
Cuanto más se aparta la película del texto de Brontë y lo desafía, más sencillo resulta dejarse llevar por ella. Cumbres Borrascosas es desigual y, por momentos, parece más preocupada por su estética que por la solidez de su relato. Aun así, sus defectos también tienen algo positivo: demuestran que todavía hay cineastas dispuestos a asumir riesgos, aunque aquí ese impulso se perciba más como alarde que como auténtico arrojo.