Inmersivo aquelarre
por Tomás Andrés GuerreroDesde el inicio, Gaua sumerge al espectador en un paisaje dominado por la niebla y el bosque, que actúan como un personaje más. Paul Urkijo Alijo nos lleva al oscuro siglo XVII vasco, marcado por la superstición y la represión. Kattalin, una mujer que escapa de su marido, se adentra en la naturaleza buscando refugio. Allí, el encuentro con tres misteriosas mujeres cambiará su destino para siempre.
En Gaua, Urkijo combina la mitología vasca con la caza de brujas del siglo XVII, mostrando miedo, represión y resistencia femenina. La estructura de relatos entrelazados permite que leyendas y supersticiones reflejen la sociedad de la época y el papel de la mujer frente al poder. La noche y los bosques actúan como símbolos de lo prohibido, mientras los seres mitológicos cuestionan quién es víctima o monstruo. Con una estética que mezcla lo ancestral y lo moderno, el folclore vasco se convierte en el corazón del filme, presente en paisajes, personajes y lengua, y dota a la historia de una atmósfera única que atrapa al espectador.
Terror atmosférico y envolvente
Lejos del cine de terror clásico basado en sustos repentinos, Gaua apuesta por una atmósfera envolvente. Los bosques y valles nocturnos no son solo escenario, sino parte del relato: el bosque acompaña, acecha y guía a Kattalin hacia las tres misteriosas mujeres. La iluminación juega un papel clave, con luz de luna y fuego que crea sombras y siluetas sugerentes. El vestuario, el sonido y el diseño de producción refuerzan esa sensación de inmersión, mientras la música y el silencio dotan a la noche de un sonido propio. La sensación personal de la protagonista se transmite al espectador, convirtiéndose en metáfora de su búsqueda de libertad. Kattalin escapa de un matrimonio opresivo y encuentra en estas mujeres un espacio de comunidad y apoyo. Sus relatos revelan secretos y memorias, ofreciendo a Kattalin un espejo de hermandad, complicidad y resistencia frente al patriarcado. Así, la película transforma la huida de una mujer en un viaje de empoderamiento y conexión.
La brujería deja de ser solo sinónimo de maldad y se convierte en metáfora de las estructuras de poder que oprimen y silencian. Las acusaciones y los juicios reflejan un sistema injusto, mientras la noche, tradicionalmente temida, se muestra como un espacio de libertad y transformación. Kattalin no solo escapa, sino que aprende, conecta y se fortalece; la luz del día deja de ser un refugio seguro, mostrando cómo el patriarcado marca incluso los momentos más visibles. La película logra un equilibrio entre atmósfera, folclore y narrativa, donde la mitología vasca se integra de forma natural. La ambientación es inmersiva, y el feminismo emerge de manera auténtica a través de los personajes y la historia. Aunque situada en el siglo XVII, la trama dialoga con el presente, hablando de persecución, injusticia y la lucha por la autonomía de quienes se rebelan contra el sistema.
Aunque Gaua sigue algunos clichés del terror folclórico y su estructura episódica puede resultar familiar, esto no resta fuerza a la película. Urkijo utiliza la mitología vasca para crear atmósfera y emoción, transformando leyendas en narrativa viva. Lo más destacado es cómo da voz a las mujeres, mostrando su resistencia y su capacidad de rebelarse frente a la opresión.