Críticas
4,5
Imprescindible
Oasis: Don't Look Back In Anger

It's good to be back

por Tomás Andrés Guerrero

El documental Oasis: Don't Look Back in Anger, dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace con la colaboración en el guion de Steven Knight, muestra de forma demoledora el histórico regreso a los escenarios de la mítica banda británica durante su gira mundial de 2025. El documental no es un mero largometraje con imágenes de los conciertos del reencuentro, o un superficial ejercicio de nostalgia: la cinta captura la magnitud de un fenómeno cultural único que logra trascender generaciones y unir a multitudes en toda la Tierra. Tras la abrupta y violenta separación ocurrida en 2009 durante un festival en París, la sola idea de ver a la banda reunida parecía un milagro imposible. Sin embargo, esta producción consigue sumergir al espectador en un viaje apasionante que abarca desde la íntima tensión en la sala de ensayos hasta el fervor apabullante e incontrolable de los estadios abarrotados de fans por todo el planeta.

El gran núcleo emocional del largometraje radica en explorar el desencuentro y la posterior reconciliación entre los hermanos Gallagher, tras 16 largos años de distanciamiento y rencor acumulado. La cinta pone el foco en las viejas heridas: mientras Liam minimiza la bronca que destruyó el grupo asegurando entre risas que Noel exagera como si le hubieran apuñalado a un gato, Noel confiesa abiertamente su incapacidad para perdonar a los demás. No obstante, el documental muestra la emotiva transformación de su relación a lo largo del proceso. Lo que comienza como un frío ensayo evoluciona progresivamente en el escenario hacia paseos cogidos de la mano y sinceras muestras de admiración mutua.

En medio de esta dinámica fraternal, Oasis: Don’t Look Back in Anger retrata a la perfección los opuestos carácteres de ambos hermanos. Por un lado se presenta a Noel como el inquieto y profesional creador: el tipo meticuloso que llega primero al ensayo con la guitarra a cuestas para trabajar en cada acorde y estructurar el armazón musical del proyecto. En el extremo opuesto destaca Liam, retratado como un cretino entrañable e impredecible que lucha activamente por dejar su lado más destructivo atrás. Liam irrumpe en los ensayos con su parka y su chulería habitual, pero demuestra una insospechada madurez consciente de su responsabilidad ante los fans, dando el máximo en cada espectáculo. En las entrevistas conjuntas, ambos demuestran haber dejado atrás los excesos de juventud para mostrarse como hombres maduros con un profundo respeto hacia su legado común.

Además de su intensidad dramática, la película ofrece gran cantidad de momentos muy divertidos y llenos de humor inesperado. El carisma de los Gallagher brilla en constantes apuntes cómicos, como cuando Liam bromea afirmando con solemnidad que todo en el mundo comenzó a irse a la mierda justamente cuando Oasis se separó. El metraje rescata instantes hilarantes en el local de ensayo, o las reflexiones de Noel al observar el ritual de su hermano de colocarse la pandereta sobre la cabeza a modo de aureola de santo, admitiendo entre risas que si él hiciera eso parecería un completo idiota. Incluso un momento absolutamente tronchante con la policía británica con los preparativos para coordinar los operativos de cara a los conciertos.

Uno de los grandes aciertos de la producción reside en dar la palabra al público mediante emotivas entrevistas con jóvenes fans nacidos a mediados de los 2000, quienes descubrieron a la banda décadas después de su auge en los 90. El documental revela cómo canciones escritas en 1994 se han transformado en himnos intergeneracionales transmitidos de padres a hijos. A través de testimonios personales conmovedores -como el de una madre galesa que conecta con su hijo autista no verbal a través de la música de la banda, o el de una joven coreana para quien sus letras fueron un refugio durante la depresión-, la cinta demuestra que el impacto del grupo supera con creces la simple devoción musical, convirtiéndose en un nexo de unión humana.

En el plano puramente cinematográfico, la cinta resulta estética y acústicamente apabullante al capturar la gira de 2025. Gracias a una fotografía impresionante y un diseño de sonido demoledor que transmite toda la potencia del muro de guitarras: el espectador siente el temblor de los estadios desde el primer minuto. Desde el arranque de los conciertos en el Millennium Stadium de Cardiff hasta multitudinarias actuaciones en Mánchester, Dublín o São Paulo, las cámaras captan planos de la catarsis colectiva de 70.000 personas cantando, abrazándose, llorando de emoción y saltando en comunión.

Más allá del espectáculo de masas, el filme adquiere una dimensión casi espiritual al reflexionar sobre la necesidad social del arte y el refugio que supone la música en tiempos oscuros. Ante un panorama global convulso marcado por crisis y tensiones, la gira se configura como una tregua de celebración pura donde las diferencias individuales se disuelven. El propio Liam llega a afirmar durante el metraje que estos conciertos no pertenecían a Oasis, sino a la colectividad formada entre la banda y sus seguidores, donde cada tema es adoptado por la gente como parte fundamental de sus vidas. Un documental de obligado visionado para los seguidores de la banda de Manchester.