Críticas
3,0
Entretenida
Un plan perfecto (Gambit)

Almiares al atardecer

por Quim Casas

Michael Hoffman realizó en los noventa algunas películas interesantes –'Escándalo en el plató' (1991), 'Restauración' (1994)– y fue desapareciendo dejando un rastro de filmes pretenciosos o ambiciosos como su adaptación de 'El sueño de una noche de verano', realizada en 1999. No es que regrese con fuerza –nunca se ha ido, aunque apenas contaba–, pero si retorna con cierto interés: 'Un plan perfecto (Gambit)' responde más, en todo caso, al deseo de los hermanos Joel y Ethan Coen, guionistas de la película, de reescribir algunas comedias notorias o discretas, y en este sentido el film dirigido por Hoffman peca de los mismos inconvenientes y tiene las mismas virtudes que 'Lady Killers' (2004), el remake efectuado por los Coen de 'El quinteto de la muerte' (1955), de Alexander Mackendrick.

'Un plan perfecto (Gambit)' adapta al gusto actual una comedia de enredos y robos realizada por Ronald Neame en 1966, de idéntico título, 'Gambit', aunque conocida entre nosotros como 'Ladrona por amor'. La chica euroasiático que incorporaba en el original Shirley MacLaine ha sido substituido por una vaquera de Texas que interpreta Cameron Díaz, mientas que Colin Firth emula con distinción y buen sentido del ridículo al personaje encarnado por Michael Caine y Alan Rickman, siempre en el punto justo entre la ironía y la exageración, hace las veces de Herbert Lom en el film original.

Se trata de una película de robos con un punto de sofisticación que puede recordar a películas clásicas del tipo 'Cómo robar un millón y...' (1966), de William Wyler, o productos más recientes que tomaban como modelo aquellas cintas, caso de 'Un plan brillante' (2007), de Michael Radford. En todos ellas conviven sin problemas el toque british (véase todas las escenas que atañen a los hieráticos recepcionistas del hotel donde se hospeda la protagonista femenina) con el estilo hollywoodiense.

El personaje de Cameron Díaz es el que funciona de manera más endeble, no así los dos antagonistas masculinos (un experto en arte superado por las circunstancias y un magante aficionado al nudismo, además de coleccionar lienzos prestigiosos y montar la seguridad de su mansión con la presencia de un auténtico león) y el falsificador de cuadros interpretado por el veterano Tom Courtenay, personaje distendido que se desliza bien por los pliegues del relato. Comedia e intriga con robo –todo gira alrededor de una de las obras maestras de Monet, 'Almiares al atardecer'– conviven bien en una película sin excesivas pretensiones y evanescentes resultados.

A favor: el trabajo de Firth, Rickman y Courtenay, los toques british.

En contra: la intriga pierde fuelle en algunos momentos.