Paródiame otra vez (por favor)
por Tomás Andrés GuerreroEl regreso de Agárralo como puedas nacía condenado a la comparación: la trilogía original había convertido a Leslie Nielsen en icono y fijado un humor visual y verbal propio de otra época. Reproducir ese tono sin caer en la nostalgia parecía imposible, y este 'remake' demuestra a la vez la vigencia de aquella fórmula y lo arduo de renovarla.
Leer la crítica completa de 'Agárralo como puedas': El mejor 'reboot' de comedia de la década con un divertidísimo Liam Neeson
El gran acierto del 'reboot' es Liam Neeson: su seriedad de héroe implacable contrasta con lo absurdo de cada situación. A diferencia de la inocencia natural de Nielsen, su comicidad nace del choque entre su imagen dramática y el disparate, lo que resulta eficaz aunque menos espontáneo. Su rostro imperturbable convierte cualquier 'gag' en una broma más grande de lo que sería en otro actor, y aunque no recrea la ingenuidad del original, aporta un nuevo tipo de humor que sostiene la película con solidez.
La película alcanza sus mejores momentos cuando Neeson comparte escena con Pamela Anderson, cuya ligereza y complicidad aportan frescura y evitan que el filme gire solo en torno a él. Su química conjunta recupera, por instantes, el espíritu lúdico de los originales. A pesar de parecer funcionar prácticamente a 'gag' por minuto, la película no busca abrumar al espectador, sino dosificar los chistes con cuidado en su medida, logrando un ritmo más fluido que evita la sobrecarga de ocurrencias típica de los originales.
Una parodia clásica con un aire más fresco
La película logra convertir sus guiños nostálgicos y cameos en un puente entre generaciones, invitando tanto a quienes crecieron con Frank Drebin como a nuevas audiencias a compartir un mismo humor. Lo que podría haber parecido un gesto complaciente se transforma en un recurso afectivo y eficaz, equilibrando homenaje y frescura. Además, revitaliza un tipo de comedia que Hollywood parecía haber olvidado, ofreciendo un respiro frente a superhéroes solemnes y dramas de prestigio. El filme abraza el absurdo con convicción, celebrando la risa más tonta y despreocupada. Esa aparente ligereza es, en realidad, su mayor victoria, recordándonos que el cine también puede ser pura diversión sin coartadas intelectuales. Cada escena reafirma que la comedia sigue teniendo un espacio vital y relevante en la gran pantalla.
El equilibrio entre la seriedad de Neeson y la energía del elenco convierte al 'reboot' en una comedia con identidad propia, capaz de sostenerse sin depender de la nostalgia. No intenta competir con la trilogía de Nielsen, pero encuentra su propio tono, combinando clasicismo y actualidad con sorprendente seguridad. Con frescura, ritmo y encanto, cumple el reto de revivir la franquicia y demuestra que aún hay espacio para reírse a carcajadas en la gran pantalla. Cada escena es una demostración de que una película puede rendir homenaje al pasado sin perder su propio estilo ni su capacidad de divertir. Imperdible para los fans de la gran parodia.